Mañana es muy posible que visite un dentista (¿Odontólogo? ¿Quitamuelas?) para una llevar a cabo una rutinaria limpieza bucal: es una operación muy sencilla y artesanal que consiste en limpiar la superficie de los dientes mediante algunos avanzados instrumentos de tortura. Es una operación que se recomienda hacer de vez en cuando, de forma periódica.

Uno no se da cuenta de lo mucho que valen los dientes hasta que empieza a tener problemas con ellos. Esta clase de huesos cubiertos de érase-una-vez-blanco esmalte tienen una importancia tremenda para la especie humana. No nos limitamos a usarlos para masticar, cortar y comprimir la comida dentro de nuestras bocas, claro que no. Algunos usos menos obvios incluyen:

  • Sonreir*

  • Amenazar

  • Ahuyentar a los enemigos con una sonrisa poco agradable

  • Ahuyentar a un potencial amante con la misma sonrisa

  • Mostrar a visitantes de otro planeta que somos unos cabrones omnívoros

  • Buscar un trabajo en el que incluyan seguro dental

  • Apretarlos en momentos de dolor y reflexión

  • Dejárselos romper durante una pelea

  • Morder de forma sensual y/o agresiva

  • Al tener las manos ocupadas, usarlos para llevar objetos

  • Dar de comer a la industria dental

  • Usarlos para cortar trocitos de hilo

  • Morderse la lengua**

  • Castañetear con arte

Y un largo etcétera que se puede ampliar sin demasiado esfuerzo - ¡tal es la importancia de nuestros dientes! Los dentistas y demás especialistas lo reconocen, y por ello han creado uno de los más rentables negocios de todos los tiempos: la odontología.

Se rumorea en los círculos más selectos de antropología que el primer dentista apareció mucho antes que el lenguaje y el fuego. Es más: algunas hipótesis apuntan que el lenguaje surgió como consecuencia de las primeras extracciones de muelas, para maldecir de forma más efectiva a los dioses y describir a las madres de los dentistas tribales como mujeres de afecto negociable.

Los antiguos egipcios, al parecer, usaban prótesis dentales para cubrir los anti-estéticos agujeros de las dentaduras bien ventiladas. También solían fabricar incrustaciones de oro, plata y otros materiales. Los dientes de oro siempre han sido un notable signo de prestigio hortera. Lamentablemente, también han sido un botín tradicional en los campos de batalla: cuando el Hada de los Dientes te los arranca con pinzas en vez de recogerlos de debajo de la almohada, algo va mal, muy mal.

El caso es que pronto tendré que visitar a un dentista. Se supone que cepillar los dientes cada día no es suficiente: hay que hacerlo bien. La técnica correcta es bastante complicada, y se puede describir mediante una serie de algoritmos en Turbo Pascal que tardan seis horas en interpretarse en un Pentium IV. El truco, al parecer, consiste en llevar a cabo un bucle de pasos aparentemente sencillos:

  • Acercar el cepillo a la base de la encía con un ángulo de 18º

  • Aplicar una presión x sobre la raíz del diente sin irritar la encía

  • Mover la muñeca mediante una compleja rotación de cuatro ejes

  • Frotar el cepillo sobre la superficie esmaltada

  • Poner el dentífrico, porque se te olvidó por la excitación

Ningún humano puede llegar a dominar esta técnica sin un master de cinco años en el Jet Propulsion Laboratory de la Nasa. Y por eso, sirve de poco. La principal utilidad de los dentífricos y del cepillo es quitar restos de bistec, manchas, alguna que otra bacteria, nidos de águila y, por supuesto, devolver un aliento aceptable a la boca. Los cepillos eléctricos, inventados para los perezosos, pueden resolver parcialmente el problema, pero en la mayoría de casos dan la impresión de estar manejando una aspiradora industrial con una batería de siete kilos y una base de recarga que no cabe en ningún cuarto de baño.***

Claro que la cosa no termina ahí. Existe toda una gama de accesorios para hacer de la limpieza dental cotidiana algo entretenido. Se venden algo así como dos millones de cepillos diferentes, pero todos tienen algo en común: diseño frágil, breve duración y escasa efectividad. Eso sí, tienen colores chillones, y a los niños les encantan. Admito que soy muy bestia: conmigo los cepillos duran poco, y al cabo de un mes se han aplanado - en ocasiones he llegado a romper el mango mientras me cepillaba con furia los caninos.

Los dentífricos en sí, también son muy variados. Algunos son más caros que un paquete de software, y tienen colores cuidadosamente estudiados para estimular la imaginación del comprador: Total White, Ultra-Protection, Tri-Fluor, MegaPower, Blanco Polar, Brillo Absoluto, Babas Resplandecientes y cosas por el estilo. Al parecer, el 95% de los dentrifricos comerciales llevan los mismos ingredientes moderadamente abrasivos, y algunos aromas que los hacen diferentes. Algunos son realmente exquisitos (¿nadie ha comido alguna vez un poco de dentífrico de fresa? Mmm). Casi todos son inútiles, pero da gusto ver esos puntitos brillantes suspendidos en el gel transparente.

Hilo dental y enjuagues bucales son los formidables aliados del dentista doméstico. El hilo dental es bastante más efectivo que un cepillo a la hora de eliminar trozos de comida de los intersticios. A pesar de ello, tiene dos problemas importantes: se atasca con facilidad, y es muy difícil de usar. La dificultad de uso del hilo dental radica en meter una mano dentro de la boca para tirar del hilo mientras la otra lo sostiene. A menos que tengáis una boca grande como una lavadora, es algo imposible. Y luego se atasca, sí: se queda entre dos incisivos, como una lengua de serpiente. Intentar quitarlo puede tener efectos desastrosos, y es un espectáculo patético.

Los enjuagues suelen pertenecer a dos tipos: falsos-tradicionales y falsos-modernos. Los falsos-tradicionales tienen colores horribles, como rojo rubí, amarillo pis, transparente o rosa pálido; saben a alcohol, y mantenerlos en la boca durante los 30 segundos recomendados es una tarea dificilísima (a menos que os vaya el rollo sadomaso). Los falsos-modernos parecen jarabes de Coca-Cola o menta fuerte, tienen colores verdosos o azulados, doble depósito, tapón/vaso futurista, y cuestan como un Mercedes Clase A.

Al final de mes uno se percata de que ha gastado una cantidad de dinero enorme para comprar estos productos de higiene dental, sin darse cuenta de que con dos palillos de madera, un buen chorro de agua, un cepillo fuerte y paciencia, podría hacer lo mismo y ahorrar dinero.

Ahorrar dinero para el dentista.


* Las exhibiciones dentales de los depredadores no son, sensu stricto, sonrisas; sin embargo, es una forma optimista de ver el asunto ante tiburones, lobos y demás animalitos.

** Aunque no lo parezca, morderse la lengua es un acto único del ser humano, obtenido después de millones de años de evolución: es la vía más económica para no decir tonterías.

*** Los pobres guardamos el cepillo de dientes en un vaso normal y corriente, donde suele acumularse cal, dentífrico e isótopos radioactivos

# - Escrito por Fabrizio el 2003-07-22 a las 03:38


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Comentarios

1
De: JR Fecha: 2003-07-22 03:48

Te recomiendo que esta noche veas La pequeña tienda de los horrores para evocar las maravillosas sensaciones que significan la visita al carnic... dentista.

Si nos laváramos los dientes todos los días no pasaría esto, guarrindongo.



2
De: Algernon Fecha: 2003-07-22 03:51

Si los dentifricos fueran radioactivos, serían más efectivos, te lo digo yo :D



3
De: Ge Fecha: 2003-07-22 04:17

Muy bueno, Al, me ha gustado mucho sobre todo lo del dentifrico de fresa ¡estan de muerte! jajaja y es mu curioso lo de los puntitos psicodelicos suspendidos en el gel... ^_^



4
De: Kalitro III el Jevivolador Fecha: 2003-07-22 05:05

Yo ahora uso uno con muchos colorines, debe ser bueno.
Lo mejor que me ha pasado nunca ha sido tener un cepillo negro. Durante dos meses tuve una vida plena.



5
De: Algernon Fecha: 2003-07-22 05:21

¿Un cepillo negro? Oh cielos...



6
De: Palimp Fecha: 2003-07-22 06:27

Casualmente, mañana a las 10 tengo también cita con el dentista para una rutinaria limpieza de dientes y después tendré que tener veinte más por todas las caries que me va a encontrar. Estoy deseando llegar, con lo cómodo que se está en ese silloncito, que te dan ganas de decir 'Usted vaya haciendo, que yo descabezo un sueñecito'



7
De: Jaio la espía Fecha: 2003-07-22 06:57

Por eso yo me he quitado todos los dientes y me he hecho injertar un cepillo de uñas.



8
De: Algernon Fecha: 2003-07-22 06:58

¿Un cepillo de uñas? Eso sí es extraño. Como las ballenas...

Palimp, suerte!



9
De: Yosik Fecha: 2003-07-22 08:06

A mí me encantan los cepillos eléctricos. Te transmiten una gran sensación de seguridad...



10
De: Descalza Fecha: 2003-07-22 09:52

ummm no sé si me quedan ganas de ir a la próxima cita con el mío....;-)



11
De: Algernon Fecha: 2003-07-22 17:04

Y eso que todavía no he hablado del dentista en sí...



12
De: Palimp Fecha: 2003-07-22 19:19

Ya he vuelto del dentista; la cosa ha ido peor de lo que me imaginaba: tengo 10 caries, un nervio por matar, y me tienen que quitar las dos muelas del juicio. El dentista me ha dicho con una alegría mal disimulada 'no se te salva ningún cuadrante'.
Ya he solicitado una línea de crédito....



13
De: Flavio Fecha: 2003-07-23 22:24

Estomatólogo, querido, estomatólogo :-P

Ya ves, así aprendes a comerte el dentrifico (y a usar MI cepillo, que lo destrozas cada vez :P)



14
De: Algernon Fecha: 2003-07-23 22:26

Calla hermano ¬¬



15
De: Lady Jezzzabella Fecha: 2003-07-24 02:19

Ah...

Compartir cepillos... ¡qué maravillosa actividad!

La de goces inesperados que puede acarrear... (Juas, juas, juas)



16
De: CARLOS Fecha: 2005-09-10 06:47

HOLA QUIERO SABER CUANTO CUESTA LOS BRAQUE XQ TENGO 17 AÑOS



17
De: paco Fecha: 2006-01-19 19:38

acabo de hacerme una limpieza en el dentista, es un poco agobiante pero sin dudas ha valido la pena, qué gustazo.

La excusa perfecta pa dejar el tabaco (no así la marihuana, jeje)

hasta luego!



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