Existe una minoría de personas a las que no les gusta ir a la playa. Yo pertenezco a ella.

La playa típica del Levante consta de arena amarillenta, o también de piedrecillas grises, de esas que parecen masajear el pie, pero que en realidad lo joden de mala manera. Siguiendo el principio de que para divertir a la gente hacen falta sorpresas, la arena está plagada de objetos semi-escondidos, como colillas, trozos de carbón, condones, vidrios, botellines de plástico, papeles y bichos. Además la playa tiende a absorber calor como un panel de energía solar, así que toca caminar dando saltitos a partir de las doce de la mañana - a menos que queráis que se os vitrifique la pata.

Es el soporte ideal para el infierno.

Naturalmente los problemas no terminan con la arena, no. La playa no es un lugar desierto y alejado de la civilización. Suele estar rodeada por un infame paseo marítimo lleno de palacios, restaurantes y tiendas ruidosas, y una horda de paseantes que considera entretenido caminar entre docenas de condenados. No es muy difícil reconocer a los foráneos. Muchos llevan los calcetines subidos: el porque lleven así los calcetines es uno de los mayores misterios de la humanidad turística. Otros prefieren sombreros de dudoso gusto, y camisas del siglo diecinueve. El método infalible para identificar al guiri: es aquel que mira perplejo, durante veinte minutos, los carteles con las fotos de la paella y el arroz negro. Debe pensar que se trata de una exposición de arte moderno.

Este purgatorio de la diversión forzada es un ambiente rico en restaurantes de comida basura, caros y lentos. No faltan las tiendas de artículos para la playa: desde las cremitas de protección solar que apestan a coco y no sirven para nada* hasta las temibles colchonetas de aire, dificilísimas de deshinchar, y muy peligrosas cuando hay olas. Por supuesto, también están los cubos y palas de plásticos, que son la debilidad de todo niño. Los jóvenes arquitectos del mañana llenan los cubos con litros de arena mojada, similar a barro, y se dedican a construir castillos efímeros, sabiendo que pronto serán devorados por el oleaje. Cualquiera diría que es una imbecilidad, pero así va el mundo. Crecemos construyendo castillos de mierda.





Los niños, cuando llegan en proximidad del mar, sufren un cortocircuito, y se vuelven incontrolables. Desean con todas sus fuerzas subir encima de los mortales patinetes, pequeños barcos diseñados para tronchar piernas y ahogar bañistas. Mientras el padre pedalea como un esclavo en una galera romana, los hijos saltan encima de la plataforma de plástico blanco, aumentando las posibilidades de naufragio. Los pequeños también son especiales por querer bañarse inmediatamente después de comer, o por mearse en el mar - mejorando así la calidad de las aguas del Mediterráneo, ya de por sí ínfima. Lo mejor que se puede hacer es ayudar al niño a cavar un pequeño agujero cilíndrico, y enterrarle hasta el cuello, dejándolo bajo la sombra y con una coca-cola. Lo pasará bomba.

Los adultos tampoco escapan del cortocircuito. Millones de personas huyen de los atascos de las grandes ciudades para meterse en los atascos de las grandes playas. Su deseo es sencillo: sufrir. Se desnudan, y se acomodan bajo el sol, como miles de focas, buscando quemar su piel para enriquecer al dermatólogo. No encuentro divertido estar cinco horas debajo del sol para volver a casa con pinta de gamba. Para nada. Y creo que los demás tampoco. Pero el quid reside en hacer lo que hacen los demás, en aglomerarse todos juntos, como ovejas, olvidando que el ser humano es una especie social cuando hay suficiente alcohol, y que es antisocial en todas las demás ocasiones.

Me gusta nadar y gozar de cierta visibilidad debajo del agua. Si puedo ver rocas y peces, mejor. Variedad. Riqueza de fauna y flora. En una playa, eso no existe. Es como nadar en un gran plato de caldo, viendo un simpático fondo marrón verdoso. Si hay suerte, podréis veros los pies. Si no la hay, y eso es casi siempre, tendréis la impresión de estar navegando en una sopa de algas y basura**. Ocasionalmente una medusa rozará vuestro pie, incrementando la experiencia masoquista playera: el garito de la Cruz Roja está a cien metros, y para llegar ahí toca arrastraros con los codos. No gritéis, no sirve: todos gritan en la playa. Cuando finalmente llegáis, descubrís que los voluntarios se han ido a pasarlo bien con el fueraborda.

Después del baño, toca ducharse, es decir, caminar debajo del sol, como un nómada, hacia lo que parece un tubo del que sale agua de forma irregular. A veces no funcionan. A menudo, ni siquiera existen. Algunos ayuntamientos, sabedores de que hay gente que viene a ducharse incluso con champú, han cambiado las duchas por lavaderos de pies. Pero eso no evitará que los siete enanitos sigan duchándose, bwahahaha! Hay que tener mucho cuidado con la arena, porque todo lo invade, y es frecuente encontrar depósitos en los bolsillos meses después del último chapuzón.

A ver si pronto sigo con esta maravillosa saga acerca del infierno...


* La mejor protección contra los rayos UVA es una hoja de aluminio.
** Una compresa flotando se ha convertido en un símbolo del turismo de masas


[Escuchando Easy Livin' - Uriah Heep]

# - Escrito por Fabrizio el 2003-08-05 a las 00:51


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Comentarios

1
De: Mini-Yo Fecha: 2003-08-05 01:00

Pues ve a una hora en que hay poca gente, quejica!



2
De: Chewie Fecha: 2003-08-05 01:15

Algernon, creo que tu problema no es con las playas, sino con los domingueros. Búscate una calita almeriense poco poblada y verás qué gozada. Aunque yo me confieso amante de la playa aunque sea con niveles elevados de dominguerismo.



3
De: Moebius Fecha: 2003-08-05 01:32

Chewie: has cometido un plagio por anticipación de mi comentario



4
De: Algernon Fecha: 2003-08-05 02:07

Umm, pues que queréis que os diga, soy más malo que el Grinch :(



5
De: EthErwAvE Fecha: 2003-08-05 02:35

Yo también odio la playa, y sobre todo el objetivo por el que la gente acude en masa a ella (tirarse cuatro horas en posición horizontal sin hacer nada: para eso prefiero una cama o el monte, donde puede uno buscar lugares para leer un libro sin acabar con agujetas a costa de contrarrestar el viento con posturas extrañas).



6
De: Algernon Fecha: 2003-08-05 02:38

Ah ya, se me olvidaba el asunto de los periódicos en la playa. Es horrible. Es como hacer wind-surfing con El Mundo.



7
De: Algernon Fecha: 2003-08-05 02:58

Por cierto, el cacharro ese, se llama patinete, ¿no?



8
De: CascäbeL Fecha: 2003-08-05 03:01

Ahora en agosto? si todo el mundo conoce las "poco pobladas" de por aqui ^-^, lo suyo es ir de noche, te quitas problemas de hacinamiento, calor, quemaduras en los pies y olor a cremas....aunque la visibilidad y la suciedad.....bah, casi mejor ir al bar



9
De: Ctugha Fecha: 2003-08-05 03:17

La playa está genial de noche y con alcohol. Lo peor es bañarse, sobretodo esquivando los pañales usados.



10
De: Algernon Fecha: 2003-08-05 03:20

Sí, los dodotis son horribles.

Y sí, de noche es otra cosa... pero no intenteis hacer el amor entre las dunas o quedaréis como un San Jacobo...



11
De: Luiso Fecha: 2003-08-05 04:29

Pues yo lo tengo más crudo, porque adoro la playa por la noche, me encanta ponerme moreno... lo que no soporto luego es la playa de día, el sol y yo no somos muy buenos amigos.



12
De: pj Fecha: 2003-08-05 05:07

Pues a mi me gusta ir a la playa a bucear :D

Por la zona del Baix Llobregat (de Barcelona hasta Castelldefels si seguimos la costa) bucear es un poco aburrido pero la semana que pasé en Platja d'Aro disfruté bastante buceando entre bandadas (¿se dice así?) de pececillos :-D



13
De: Algernon Fecha: 2003-08-05 05:10

Veréis, mi piel es altamente fotosensible... ir a la playa por el día no me causa ningún placer :P

Bucear es magnífico sí :)



14
De: Moe Fecha: 2003-08-05 06:41

Vaya, vaya...
aquí no hay playa
xD



15
De: glenys Fecha: 2003-08-05 07:55

La mejor solución para todos esos problemas es tener una casa a orillas del mar Caribe. A que si...

Amo la playa y el mar, mejor aún si no hay mucha gente alrededor y buena comida cerca. Bañarme en el mar me da hambre :)



16
De: Algernon Fecha: 2003-08-05 17:14

Desde luego las playas del caribe son otra cosa...

* Suspiro *



17
De: fermat Fecha: 2003-08-05 20:52

No es el lugar lo que importa, sino la compañía. Hasta remojarte en el baño es bueno si tu vecinita pasa a hacerte una visita.



18
De: Algernon Fecha: 2003-08-05 22:05

Estoy de acuerdo Fermat



19
De: Brunhilda Fecha: 2003-08-06 05:30

Chewie, las calitas almerienses ya no son lo que eran...


Algie... tu descripción se me antoja la de la playa del mismo Inferno , una pesadilla neodantesca de Niven y Pournelle

¡Que Hella os sea propicia! *ja ja ja*



20
De: Lied D Artois Fecha: 2006-05-09 17:20

Realmente me sorprendio un poco que colocando el titulo de mi proyecto para la clase de diseño pudiera encontrarme con un blogger que tratase con mismo enfasis cierto sentimeitno engativo a la playa... Pues somos dos joven amigo... yo terminare de tipear mi proyecto y lo pondre en mi blogger...
La playa es hermosa pero lo que lo rodea.. esa aberracion que cometen conmtra ella es un crimen y sobre todo hacen que dicho lugar se convierta un infierno en pleno paraiso natural



21
De: Franco Fecha: 2006-12-18 20:20

Problema?como que un problema?es caso odiar la playa un problema?y no,no odias a la gente que va a la playa,si no,a la playa porque ahi va la gente.



22
De: Dani Fecha: 2014-05-02 10:40

Yo también odio la playa, y no sólo por el sol que arde, el calor, la sal del agua y el pringue solar; también por el público variopinto que acude. Por un lado, las interminables manadas de garrulos, normalmente grupos de parejas o matrimonios en sus 30 o sus 40, tatuados, malhablados y escandalosos, normalmente sin hijos (o sin la presencia de estos). Después las típicas familias que si te tocan al lado acabas de ellos hasta la coronilla porque tienes que aguantar a los padres (más tontos que un pepino), a los abuelos, a los tíos, a todos los churumbeles (dando por saco todo lo que pueden)y a veces a los amiguitos de los churumbeles. Total que en ese caso vas a la playa a aguantar a los hijos de los demás. O si no cuando viene uno de esos típicos matrimonios modernos (de unos 30 y largos) con el par de niños supermalcriados que les pegarías cuatro hostias para quedarte a gusto, pero por desgracia no lo puedes hacer. Igual que cuando vienen los típicos adolescentes (y no tan adolescentes), normalmente pequeños grupos de amigos o parejas tipo "progre" a darte por el saco con las raquetas y la pelotita de los cojones.
Espero que alguno comparta esta percepción que tengo. Gracias!



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