Creo que el viejo Heráclito tenía razón al hablar de una realidad siempre cambiante, del pânta rei, el "todo fluye" pre-socrático. La realidad física es un contínuo dinámico, y no una separación de estados pre-definidos. Somos los seres humanos quienes creamos categorías para trocear y almacenar nuestras vivencias en unidades manejables de información. A veces lo hacemos bien... a veces, bastante mal. Pero es la única herramienta que poseemos para entender el mundo que nos rodea y llevar a cabo operaciones. El universo es analógico, nuestra operaciones explícitas, digitales.
La operación mediante la cual creamos una idea, una imagen estática x, y la convertimos en un concepto a nuestro alcance es magnífica y aceptable. Los problemas empiezan, en mi modesta opinión, cuando a estas ideas, a estas "luces de posición" del pensamiento, les atribuimos un valor que no tienen. Por ejemplo al concepto de dinero. O a conceptos tan dispares como dios, la belleza, el pasado, el amor, la vida, la muerte, el éxito, el fracaso... las cuales no son más que etiquetas que intentan definir "algo" no visible y no mensurable. Supuestamente, no tienen valor. Son conjuntos de sílabas. Un baa baa en la boca de un niño pequeño.

Claro que las cosas no son tan sencillas. Somos seres dotados de una motivación, y de emociones. En base a mecanismos antiquísimos experimentamos ira, miedo, tristeza, alegría, afecto primario... y así como podemos atribuir efectos positivos o negativos a un objeto concreto, como un perro, hacemos otro tanto con los conceptos abstractos. Si me pusiera en plan conductista (o conexionista, porqué no) me atrevería a hablar de generalizaciones contextuales. Lo que me parece evidente es que en el espacio psicológico que llamamos "conciencia", los conceptos reciben un tratamiento afectivo análogo al de los objetos reales.

Sin embargo, hemos dicho al principio que los conceptos sólo son etiquetas. No son reales como una pared. No los podemos eliminar con fuego. Son patrones de relaciones, nodos emergentes "dibujados" de alguna forma en los circuitos neuronales de nuestro cerebro, nuestra cosa húmeda. ¿Tiene sentido experimentar emociones por un concepto? ¿Asociar un concepto con un efecto físico concreto? ¿Se puede experimentar afecto por un concepto? ¿Por qué?

Wohoo. Ojalá tuviera respuestas para estas preguntas. El ser humano inventa ideas, le da un nombre, y luego transfiere sobre ellas parte de su afectividad, de sus motivaciones, de sus capacidades. Reifica los conceptos, los transforma en res, en "cosas". Se convierte en un organismo recentrista, un ser cuya vida está dominada por ídolos e ideas recubiertas de experiencias emocionales (sí, como una chocolatina). Llega a adorar los conceptos, a hacer de ellos un guía. Los transforma en el centro de su experiencia vital. Mata para defender la "libertad", lucha por su "nación", se sacrifica en pos del "éxito", ama al "estado", busca desesperadamente el "amor", llora por el "fracaso", teme al "rechazo".

Y de repente veo como mi especie se asemeja a esos pequeños roedores noruegos, los lemming, que en masa se suicidan en una frenética carrera sin sentido hacia el mar. Y claro que es diferente. La conducta de los lemming obedece, probablemente, a un equilibrio ecológico milenario, una especie de suicidio estacional para evitar el agotamiento de los recursos. Pero nuestra conducta, no es instintiva - o no lo es más que en un sentido kantiano/chomskyano: tenemos fe en conceptos, en invenciones sin masa, en material "digital" creado por nuestra mente. Diría que es inevitable. Y si bien la idolatría, el recentrismo, me parece repugnante desde mi perspectiva cínico/escéptica, debo admitir que tenemos que dejar que algunos conceptos se "instalen" en nuestras mentes.

Tal vez lo diga para no caer en un nihilismo profundo e irreversible: algunas ideas pueden defenderse. Algunos conceptos se pueden "abrazar". Podemos "creer" en algo, siempre y cuando nuestra actitud se base en un punto de vista crítico y razonable. Pisando el acelerador metafórico: no es lo mismo besar a un tigre que contemplar su majestuosa presencia desde el otro lado de la valla.

¿Necesito un café espresso?

# - Escrito por Fabrizio el 2003-08-27 a las 21:08


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Comentarios

1
De: YEIMY Fecha: 2006-04-09 01:56

ESA INFORMACION ESTA MUY MEDIOCRE



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