Que la risa fuera algo positivo, ya se sabía. Que nos hacía pasar un buen rato, también. Pero Allan Reiss, investigador de la universidad de Stanford, ha ido más allá. En este artículo de la revista Neuron (también disponible en PDF), lleva a cabo un estudio mediante Resonancia Magnética Funcional, una técnica de neuroimagen, para describir las bases cerebrales de la risa.
El diseño experimental es bastante sencillo: eligieron 42 tiras cómicas - previamente clasificadas por otro grupo de sujetos en las categorías de "divertidas" y "no divertidas" (lo cual es ya de por sí bastante subjetivo - yo me parto con Dilbert y no con Garfield). Después de haber elegido estos estímulos, se administraron a los sujetos (¡sólo 19!) durante la sesión de fMRI, teniendo estos que pulsar un botón si consideraban graciosa la tira cómica o no. La hipótesis afirmaba que las tiras cómicas hubiesen activado algunas zonas de comprensión del lenguaje y - punto fuerte - los núcleos dopaminérgicos mesolímbicos, como el Núcleo Accumbens. Son las estructuras relacionadas con el refuerzo (y con las adicciones, algo que a los periodistas les interesó mucho).
El análisis de los resultados muestra que, además de las zonas de procesamiento semántico, las tiras cómicas causaban activación significativa en algunas estructuras subcorticales implicadas en el refuerzo (la base del condicionamiento operante). Los autores también explican que:
Functional connectivity within this network of subcortical regions has been demonstrated in oral amphetamine and cocaine infusion studies, reflecting the prominent role of dopaminergic signaling in drug rewards.Lo cual ha llevado algunos periodistas entusiastas a afirmar que la risa es una droga, algo bastante precipitado y, en mi modesta opinión, falso. La risa es saludable, y su valor "hedónico", esto es, "referido al placer", es positivo (que es la conclusión de los autores). Es decir, la risa es buena - cosa que sabíamos. De ahí a decir que la risa es una droga como la cocaína, hay un trecho, más aún teniendo en cuenta que los núcleos subcorticales se activan cada vez que algo placentero se cruza con nosotros.
En este sentido, hay que tener "cuidado" con los papers de neurociencias: el cerebro es tan complejo que lo único que podemos hacer en muchas ocasiones es lo siguiente:
- Presentar estímulos a un sujeto normal o lesionado
- Medir qué zonas de la caja negra se calientan o se ponen a bailotear
- Revisar la literatura acerca de lesiones cerebrales y experimentos con ratas
- Poner en relación la supuesta función con los estímulos presentados
Las técnicas de neuroimagen son un método excelente para llevar a cabo descubrimientos interesantes, pero la misma naturaleza "cerrada" del cerebro dificulta sobremanera la investigación. A veces se tiene la impresión de estar asistiendo a un test proyectivo, en el que el neurocientífico empieza a crear hermosos castillos encima de las manchas de color de una tomografía o de una resonancia magnética. Como en todo, hay que ser cauteloso y hacer las cosas bien, para evitar así sensacionalismos periodísticos. ¿O acaso los sensacionalismos se buscan de forma intencionada?
Por cierto, parece mentira lo poco que se ha investigado acerca del humor y de la risa. ¿Tiene alguien referencias bibliográficas al respecto? Podría convertirse en mi campo de interés (¿por qué será?)...

