Lo confieso: la primera gran saga de ciencia-ficción que leí, con once años, fue la serie de la Fundación, de Isaac Asimov. Si ahora estoy estudiando psicología, la culpa es suya y de todos los psicohistoriadores. Sniff.
Claro está, la cosa no para aquí. Durante mucho tiempo, mi ideal de conducta fueron los robots asimovianos, como R. Daneel Olivaw, regidos por las archi-conocidas Tres Leyes de la Robótica. Eran tan rígidas que casi todos los relatos de Asimov basaban su atractivo en quebrantarlas o distorsionarlas. ¿Cuáles son las Tres Leyes? Veámoslo:
Primera ley: Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.Se me ha ocurrido que podríamos crear las Tres Leyes de la Blogótica. Haciendo algunos ajustes aquí y allá, y teniendo en cuenta que la tecnología subyacente es Apache en lugar de un cerebro positrónico, obtenemos:
Segunda ley: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
Tercera ley: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
Primera ley: Un blog no puede hacer daño a un bloguero o, por abandono, permitir que un bloguero sufra daño.Necesito algún robotista para formular corolarios y excepciones... ¿quién se apunta?
Segunda ley: Un blog debe obedecer las órdenes dadas por los blogueros, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
Tercera ley: Un blog debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

