Siempre he tenido problemas con la administración del tiempo.

El motivo fundamental debe ser que el tiempo no existe y que, por lo tanto, no es manipulable. Pero esta construcción teórica no resulta provechosa: necesito ir más allá en mi problema, ahondar, profundizar, meter las manos en la arena de la clepsidra para dar con alguna respuesta concreta, sólida.

Supongamos que una persona desea encontrar el momento para escribir un ensayo, o una novela, o dar rienda suelta a su creatividad, esto es, emplear una fracción de tiempo útil en la construcción de un meme, de un producto cultural, de una obra cualquiera. Esta persona, dotada de una intención heróica, pretende desafíar la entropía intelectual para hacer algo.

Eso es digno de admiración.

Sin embargo, el Universo funciona de una forma determinada, tal que resulta más sencillo destruir el cosmos, el orden, que llevarlo a cabo. Las obras se olvidan y perecen; la memoria se disipa; las leyes sucumben ante el Caos; la carne perece; la vida decae; el café se enfría en su taza; el papel se queda en blanco; la cuenta corriente, vacía.

Etcétera, etcétera. Ad Nauseam. Bla bla bla. Yak yak yak.

See you later alligator, in a while crocodile.

Y no hablemos ya de las intenciones. Son particularmente proclives a desmoronarse en sub-intenciones. Y éstas, en predicados llenos de buena voluntad. Los cuales, a su vez, se degradan en partículas imperativas carentes de significado, meros impulsos vitales. Y al final, sólo queda un gradiente difuso llamado deseo. O sueño. O ambición.

¿Por qué?

Tal vez porque no sea un horrendo jasp. No poseo una mentalidad protestante del trabajo, me dejo llevar por las intuiciones pasajeras, sin machacarlas, sin convertirlas en una obsesión, sin vivir por ellas. Además, aunque parezca un problema menor, no soy rico. Si lo fuera, podría dedicarme con mayor probabilidad a pintar, escribir, tirarme el rabo o leer. Necesito una herencia. Necesito un cuponazo.

Trabajar. Oh. Ah. Sí. To Work or not To Work.

Currar. Sudar. Cobrar. Cobrar quizá.

Usar las propias energías en una actividad que no satisface nuestras íntimas necesidades psicológicas. Exceptuando las que hemos heredado de los reptiles. Deberíamos ser todos cocodrilos, sí. Comer y llorar. Luchar por un pedazo de comida, en el fondo del río. Y dar muchas vueltas. Y descansar bajo el sol, en el barro. Y un pequeño pájaro monda tus dientes.

Y el dia siguiente eres un par de zapatos. O la marca de una camiseta.

Todo esto, obviamente, no tiene la mayor importancia. De hecho, me pregunto... No, no me pregunto. Me digo: siempre podrás encontrar un hueco durante el día para esto y aquello. Realmente creo que es cierto.

Kafka, te veo. Sal de ese agujero.

# - Escrito por Fabrizio el 2004-02-10 a las 01:00


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