En la pequeña y oscura sala de reunión reinaba un ruidoso silencio hecho de suspiros, pequeños golpes de tos y exhalaciones de humo. Los conspiradores, amparados en la ausencia de luz, se acercaron al borde de la gran mesa cuadrada.
- Tenemos que eliminar de los colegios cualquier símbolo religioso: kipás, velos, cruces...
- Ciertamente. Este es un estado laico. No podemos permitir la presencia de tales símbolos en las escuelas. Es inaceptable.
- Estoy de acuerdo: esto evitará cualquier conflicto posible entre alumnos de distintas religiones.
Todos asintieron y emitieron pequeños gruñidos de satisfacción, mirándose los unos a los otros y asintiendo vigorosamente. El cuarto personaje, sin embargo, levantó la mano.
- ¿Sí?
- Bueno, estaba pensando... esto de los símbolos religiosos está muy bien, pero creo que tendríamos que extenderlo a más símbolos...
Las sonrisas desaparecieron de repente.
- ¿Por ejemplo?
- Por ejemplo, las camisetas con Che Guevara o con la sigla CCCP. Este es un estado laico, pero no comunista. Los horrores del comunismo...
Otra cacofonía de gruñidos de aprobación surgió de la negrura.
- Sí, ¡cierto! Esos chavales llevando camisetas pro-estalinistas… Es intolerable.
- Ya que estamos, obliguemosles a llevar el pelo a una longitud determinada - añadió entusiasta el tercero.
Cejas levantadas por doquier.
- Quiero decir... el pelo cortado a cero es típico de los skins... este no es un estado filo-nazi... los horrores del nazismo y de la ultra-derecha, Vichy...
Otro coro de ajá.
- Eso. Tenemos que cambiar el proyecto de ley para que el pelo no se lleve ni demasiado corto ni demasiado largo. Una cabellera muy larga es sinónimo de radical/liberal, un toque algo bárbaro, la verdad. Este no es un estado filo-bárbaro...
- ¡Y el pelo rasta! No puedo admitir que las escuelas sean filo-jamaicanas... todo ese pelo rasta puede inducir el consumo de drogas...
Euforia generalizada entre los cuatro conspiradores.
- ¿Y las mini-faldas? ¿Acaso las mini-faldas no son una clara provocación? Propongo que se eliminen.
- No querido X. La ropa en sí no es el problema. Las marcas sí lo son. Las marcas son un signo de esclavitud corporativa, y este no es un estado filo-corporativo... los horrores de las multinacionales en Paquistán...
- Un momento, un momento, ¿por qué no eliminar la ropa directamente? ¡Cualquier tipo de ropa supone una provocación!
Un par de los asistentes se quedan boquiabiertos.
- Bu-bueno, visto así... sí, las ropas marcan demasiadas diferencias sociales... podríamos modificar el proyecto de ley para que todos los alumnos fueran a clase desnudos. ¿Qué os parece?
- Hmm... no, demasiado obsceno. Mostrar las partes pudendas incita al onanismo, y este no es un estado onanista...
- Es un estado laico.
- Correcto.
- Hmm.
- Propongo que los alumnos vistan todos con sacos negros.
Un leve silencio, incómodo.
- ¿Por qué el negro? Es un color triste, y en algunas culturas puede asociarse al luto. Además aparece en la bandera pan-arabe, en la anarquista, en la nazi... no, no tolero el negro.
- ¿Qué pasa con el negro? Es un gran color. La negritude, que magnífica manera de...
- ¡No! El colega Z tiene razón. Cambiemos de color. ¿Qué os parece un arco-iris?
- Este no es un estado homosex...
- El gris. Pillemos el gris.
Otra pausa de breve reflexión. El gris pareció un buen color.
Al fin y al cabo, era un estado gris.
# - Escrito por Fabrizio el 2004-02-11 a las 01:00
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| De: Algernon |
Fecha: 2004-02-12 10:46 |
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Sacado de "Sobre la Libertad", de J. Stuart Mill:
El objeto de este ensayo es afirmar un sencillo principio destinado a regir absolutamente las relaciones de la sociedad con el individuo en lo que tengan de compulsión o control, ya sean los medios empleados la fuerza física en forma de penalidades legales o la coacción moral de la opinión pública.
Este principio consiste en afirmar que el único fin por el cual es justificable que la humanidad, individual o colectivamente, se entremeta en la libertad de acción de uno cualquiera de sus miembros, es la propia protección. Que la única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro de una comunidad civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás. Su propio bien, físico o moral, no es justificación suficiente. Nadie puede ser obligado justificadamente a realizar o no realizar determinados actos, porque eso fuera mejor para él, porque le haría feliz, porque, en opinión de los demás, hacerlo sería más acertado o más justo.
Estas son buenas razones para discutir, razonar y persuadirle, pero no para obligarle o causarle algún perjuicio si obra de manera diferente Para justificar esto sería preciso pensar que la conducta de la que se trata de disuadirle producía un perjuicio a algún otro. La única parte de la conducta de cada uno por la que él es responsable ante la sociedad es la que se refiere a los demás. En la parte que le concierne meramente a él, su independencia es, de derecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano.
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