He descubierto, contra todo pronóstico, que soy un amante de las tareas de casa. Lo sé, no es el coming-out que esperábais (pillines), pero algo es algo.

Puede que sea un ataque de locura transitoria, pero me gusta trabajar en casa, cuidarla un poco - lo justo - para que sea un lugar agradable en el que morar. Y es divertido. Y ayuda a quemar calorías - fenómeno que busco con ahínco. Hoy mismo, sin ir más lejos, he dedicado un par de horas abundantes a la limpieza del hogar, con fanatismo más propio de un guerrero fremen que de un geek que estudia psicología.

El lavado de platos es una tarea interesante, y refresca bastante las manos. Eso sí, la próxima vez debo tener cuidado de no mancharme los pantalones con un chorro de agua desviado. Cada vajilla tiene su método único, que generalmente se descompone en un primer lavado, una operación de frotado con detergente y una serie de aclarados omnidireccionales. Da gusto ver como la vajilla sucia se repone impoluta en su correspondiente sitio. Es más divertido que ver cualquier programa de televisión.

Me he puesto, acto seguido, a barrer el suelo. La escoba de cerdas de nylon es la solución menos satisfactoria para barrer el polvo: a menudo los gatos - entendiendo por gato un grumo de polvo regordete - se quedan aferrados a la herramienta, y no quieren bajar ni muertos. Una solución más atrevida es la escoba de goma, que causa menos problemas. También hubiese podido probar las toallitas recoge-polvo, o la aspiradora eléctrica, pero un servidor quiere ahorrar, y entonces utiliza toda su energía animal para acometer los planes de higiene. Llamadme Al el Hormiguero.

Finalmente, después de limpiar los muebles de la cocina y la vitrocerámica (con un producto especial apestoso), fui pasando la fregona por todo el piso. El amoníaco perfumado no apesta tanto como el temible salfumant, y eso se agradece. La fregona está hecha para absorber agua, y existen pocos actos tan placenteros como exprimirla en el cubo hasta que no quede ni una gota; tal acción sólo se ve superada por el estallido de las burbujas de aire de los embalajes. Muy pronto, el agua del cubo se ensucia: es increíble la cantidad de suciedad que anida en este planeta. Arf.

Creo que voy a convertirme en un acérrimo lector de Consumer.es.

# - Escrito por Fabrizio el 2004-05-07 a las 01:00


Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://fbenedetti.blogalia.com//trackbacks/18387

Comentarios

Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 54.196.2.131 (9844199ac8)
Comentario
¿Cuánto es: mil + uno?

Ver historias anteriores