He oído por ahí (en foros, grupos de noticias, e incluso cartas al director) que en el interesante Forum Barcelona 2004 (cuya visita me estoy planteando), una placa descubierta por el Rey Juan Carlos, conmemorativa de la inauguración del evento, pone su nombre en catalán (Joan Carles).

Desconozco si se trata de un mero rumor o de una noticia real, puesto que la web del fórum tiene dos versiones: una en castellano, donde la inscripción de la placa está en castellano, y una en catalán, donde la inscripción se ha traducido - sorpresa - al catalán. En Google News y en periódicos no encuentro eco del acontecimiento. Puede que sea cierto como que no, pero lo que me preocupa es la reacción de algunos al respecto. Por ejemplo, en esa carta al director que he visto en ABC, se puede leer:

¿No estábamos de acuerdo en que los nombres de las personas no debían traducirse? [...] Pues parece ser que no. Nuestro Rey, que hasta ayer era Su Majestad Don Juan Carlos I, se ha convertido, por obra y gracia del Fórum de las Culturas de Barcelona, en Don Joan Carles.
Todo este asunto, visto desde mis ojos de italiano, podría parecer bastante divertido, a menos que uno recordara lo escasamente relajado que es el clima político en la península española.

¿Qué problema hay en traducir un nombre del castellano al catalán? Me gusta que la gente me llame de vez en cuando "Fabrici". Dándome cuenta de que mi nombre es complejo de pronunciar, ignoro las infinitas variedades de mi nombre que oigo salir cada día de las bocas hispanas: Fabricio, Fabicho, Fabritzio, Fabizzi, etcétera.

Me da absolutamente igual que alguien traduzca o modifique mi nombre con tal de que lo use para llamarme. Lo importante es que se intente decir "Fabrizio", o que tal sea el significado del sonido emitido. Ahora bien, si alguien, en lugar de utilizar un vocablo que significa "Fabrizio", empleara otro cuyo significado fuera, por ejemplo, "Comemierda", me enfadaría.

Puesto, sin embargo, que la gente quiere decir "Fabrizio" cuando dice "Fabricio", yo no me irrito lo más mínimo. Yo no voy por la calle pegando a la gente para que aprenda a pronunciar la difícil 'z' vibrante italiana; ni en sueños. Ni siquiera me enfado cuando leo Cristóbal Colón en lugar de Cristóforo Colombo, fijáos.

Sin embargo, hay personas que se toman muy a pecho eso del cambio de nombre, y se enfadan muchísimo si en lugar de Juan Carlos alguien escribe Joan Carles, que significa exactamente lo mismo, pero en idioma catalán. ¿Qué tipo de extraño fetichismo se oculta en estas quejas? Yo no consigo entenderlo, me gustaría que alguien me lo explicara. ¿Es que traducir un nombre a un idioma equivale a poner una bandera determinada encima de todo lo que ese nombre significa?

Por mi parte, yo siempre seguiré usando los nombres en su idioma original, pero no por una cuestión política, sino por una cuestión formal y práctica. Aunque, lo confieso, de vez en cuando he especulado con nombres blogalitas traducidos al italiano, como Gian Giuseppe Merello, Vittorio R. Ruiz., Giovanni Caranca o Pietro Giorgio Rosmarino... :-D

Tómense las cosas con humor, y nunca correrá sangre. Ea.

# - Escrito por Fabrizio el 2004-05-10 a las 01:00


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