Jasp, es un buen blogger, muy activo, y me lee fielmente. Sin embargo, su defensa del botellón me ha parecido fundamentalmente equivocada, y no ya por una cuestión de gustos, sino porque creo que se trata de racionalizar una conducta estúpida y dañina. Yo comprendo que por participar en un botellón una persona se sienta, por así decirlo, parte de "algo". Pero no por haberse tirado al pozo una vez, uno tiene que volver a hacerlo - pensando además que tiene razón. Errar es humano, persistir, diabólico.
Para quien no sepa qué es un botellón, se lo explico: consiste en un agregado de jóvenes, fundamentalmente chicos, que se pasan una noche entera bebiendo alcohol disfrazado con fanta o coca-cola hasta la euforia o el coma etílico. No beben alcohol a palo seco, sino que buscan la borrachera fácil y dulce. La borrachera por la borrachera. Más o menos como esnifar pegamento, no sé si me entienden. Sé de lo que hablo porque yo he participado en tres - en mis años mozos - y en las tres ocasiones me fui sin decir ni pío, asqueado (con eso me gané el apodo de Fantasma, porque siempre desaparecía sin dejar ni rastro). En las tres ocasiones esperaba que la gente llevara a cabo alguna que otra actividad interesante, qué sé yo, jugar al Trivial, ver películas malas, jugar a ROL, contar historias; mas no, no hubo nunca nada de eso. Sólo bebida.
Pero mira cómo beeeeben los peces en el río...
Los argumentos que Jasp saca a colación, con toda la buena voluntad del mundo, pueden rebatirse uno por uno. Insisto: no soy Scrooge, ni un ser despreciable y alejado de las relaciones humanas. No soy un reaccionario opositor de prácticas "juveniles", ni tampoco un aguafiestas. En resumen, no soy el padre de nadie. A pesar de ello, encuentro que el botellón, como práctica, es un soberano excremento de rata, incomprensible en su dionisíaca esencia, malo para la salud y las neuronas, y perfectamente sustituible por otras alternativas que impliquen uso mínimo de razón. Veamos ahora los argumentos de Jasp:
1. Constituye un auténtico medio social que fomenta la comunicación y la relación entre las personas. Dicho sea de paso, no todo el mundo bebe en un botellón, pero por encima de cualquier cosa, toda la gente que allí hay reunida, habla, se comunica, participa, aporta y esto, en una sociedad donde los valores humanos se están perdiendo y muchas veces alabamos excesivamente lo material, es muy importante.Yo no sé en qué botellones participa Jasp, pero desde luego, no son los que conoce la mayoría de personas. Eso de que sea un medio social puede aceptarse hasta cierto punto, pues la gente allí reunida, interacciona (se pasan la botella, vomitan uno encima del otro, se gritan, pelean, hacen patéticos intentos de ligue, etcétera); pero dudo que sea una comunicación tan rica y satisfactoria como una conversación en una tetería, en un pub, o en un local cualquiera en el que uno no intente machacarse el hígado con mierda inflamable.
2. Está claro que una de las motivaciones más importantes de cualquier joven es la diversión. Los fines de semana, que es cuando la gente tiene tiempo libre para salir a dar una vuelta con sus amigos, no existen alternativas válidas y efectivas al botellón. Está demostrado, que por muchas actividades que se propongan como alternativa, la gente joven le apetece desconectar, reir, hablar y bailar, escuchar música...Sí, es evidente que muchos jóvenes quieran divertirse, olvidarse, "desconectar", alejarse de sus pesadísimas obligaciones, seguir siendo un adolescente durante 35 o 40 años, no tener jamás que pensar en cosas "serias" y de "adultos", pero ello no implica necesariamente que tengan que traspasar su barrera hematoencefálica con litros de alcohol. Emplear mi tiempo libre chupando una botella me parece una pérdida de tiempo inmensa - aunque, bien pensado, en un mundo absurdo cualquier acción es válida (el nihilismo de la botella impera por eso, me figuro).
Eso de que a la gente joven, por "muchas actividades que se le propongan" quiere "desconectar, reír, hablar, bailar"... vamos a ver, ¿cómo rayos puede uno hablar si se le traba la lengua por la borrachera? Y sí, se ríe, le entra la risa tonta del tío bebido, esa que termina en un charco de vómito. Si Jasp me dice que en sus botellones nadie se emborracha, y todos hablan hasta las tantas totalmente sobrios... yo le digo que eso no es un botellón, sino otra cosa. En cuanto a las actividades alternativas, yo creo que no se proponen las suficientes, especialmente en el sur. En todo caso, si no existen, se inventan. Que para algo tenemos un cerebrito, ¿no?
3. Junto con el punto anterior, los pubs, locales, discotecas y garitos de las poblaciones, imponen unos precios altísimos a las entradas y consumiciones en sus salas, que para cualquier joven, que no suele generar renta propia y depende del dinero que le dan sus padres y por tanto, con un poder adquisitivo bajo, pueden resultar más que prohibitivos.Hombre, depende qué es lo que buscas de la noche. Si lo que uno quiere es beber alcohol hasta matarse, es fácil, entra en un Mercadona, pilla siete botellas de Fanta, dos de vodka, una de ron, y le sale mucho más barato que beber dos vasos de vodka lisa en un ambiente interesante. En el último punto Jasp dice que prohibir crea morbo, y en eso estoy de acuerdo con él: prohibir siempre es malo. También es malo eliminar toda prohibición si no va acompañada de adecuada información.
Personalmente abogo por un modelo en el que las ciudades habiliten unas zonas de ocio y recreo, los denominados Botellodromos, construidos al efecto en zonas donde no se moleste con el ruido a los vecinos, diseñados con contenedores específicos para el tipo de basura que se genera y que además podrían dar puestos de trabajo a los que mantengan tales áreas.La propuesta me ha arrancado media sonrisa, pero su buena voluntad es encomiable. Me imagino el "Botellódromo" lleno hasta reventar, con grupillos de jóvenes que beben hasta caer en un sueño profundo, para luego ser barridos por grandes excavadoras y metidos en contenedores con destino a Patagonia. Eso sin contar las peleas originadas por la aglomeración y el poco espacio disponible, el tráfico de drogas, las condiciones higiénicas...
Jasp, sé realista: el botellón es la versión moderna del opio chino. Es una parte del nuevo panem et circenses. Emborracharse hasta desfallecer no tiene nada de libertad: es una huída de ella.

