Bueno.
Estoy en Barcelona. Estaré hasta el domingo 23, a las 18 horas. Si queréis quedar mañana conmigo, tenéis en Orkut mi número de teléfono. Ya he quedado con Miguel mañana a las 16, en el Viena de la calle Pelayo (Pelai para los puristas). Avisados quedan los demás bloggers condales.
El caso es que, caminando a las once de la noche por el Paseo de Gracia, admirando las maravillas del modernismo catalán, después de haber cenado con exquisito sushi en el barrio gótico (magnífica experiencia, ya haré un post sobre ello mañana), topamos Walky y yo con Christopher Lloyd. ¡Doc, nada menos! Justo a la misma hora en que terminaba ¿Quién engañó a Roger Rabbit? en Antena 3.
Lo vimos de repente, cruzando un paso de cebra a la altura de la Calle Valencia, con su inconfundible silueta: gafas, americana negra, pantalones informales, y el típico aire de profesor despistado. El tío es alto con ganas. Realmente era Doc.
Lo dejamos pasar, confundidos y atemorizados. Creíamos que había sido una mera alucinación producida por el wasabi - que sabe a demonios y gasolina quemada. Pero no, era él. Arrepentidos por no haberle pedido un autógrafo, volvimos sobre nuestros pasos. Una figura mitológica de nuestra infancia había estado a un paso de nosotros, ignorando las incrédulas miradas de sorpresa a las cuales debe estar ya más que acostumbrado.
Estaba comiendo una sopita de gambas y verdura con aire deprimido y cansino, en la terraza de un restaurante próximo a la manzana de la discordia. Estuvimos cinco minutos pensando en un plan de acción. Walky fue la que finalmente se aproximó (yo esperé inicialmente en la retaguardia, con un coraje de ratón albino).
Doc se mostró lento y afable, ensayando un papel - el de celebridad - que ya le sentaba muy natural y austero. Nos dedicó algunos amables gruñidos en inglés, nos miró con una mezcla de curiosidad, fastidio y diversión, nos firmó un autógrafo (estando a punto de escribir mal mi nombre - y eso que le hice el spelling), y se dejó fotografiar como un alienígena. Temía irritarle: ¿y si hubiera sacado la mala leche del Juez Doom de Roger Rabbit? Cielo santo, cuánta emoción, cuánto suspense.
Nos alejamos eufóricos con diversos cachos de su presencia, mientras él seguía degustando impertérrito su caldito en soledad. Viéndonos desde lejos, otros fans casuales, todos ellos frikis nacidos en los 80, se acercaron a él con intenciones parecidas a las nuestras.
Pobre hombre, si pudiera regresar a 1985, no volvería a rodar esa película...
# - Escrito por Fabrizio el 2004-05-22 a las 01:00
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