Ya he vuelto de Barcelona.

No sin antes haber probado la cocina japonesa en un local del barrio gótico - previa reserva, obviamente. Según se me ha dicho, existen ahora muchos restaurantes japoneses "baratos", cuya calidad es pésima. El que visitamos Walky y yo es de los buenos. Lástima que la cuenta salga cara, pero vale la pena cenar allí una vez al año.

Nada más entrar vimos una serie de cocineros nipones con el traje típico (kimono azul grisáceo y un sombrero chato sin alas cuyo nombre desconozco). Estaban cortando pescado y preparando platos con una coordinación y un arte realmente exquisitos. No les hice ninguna foto para no desconcentrarles.

Una diferencia fundamental entre un restaurante chino y un restaurante japonés, por lo que he podido experimentar hasta el momento, es que los chinos son silenciosos, y los japoneses usan toda su voz para hablar. Si uno ha visto demasiadas películas de la guerra en el Pacífico, teme oírles gritar Banzaii! de un momento a otro.

Tópicos aparte, la señora que se encargaba de las reservas (única mujer japonesa en todo el restaurante), fue muy cortés. Es más: por un momento el pánico se apoderó de ella cuando no encontraba mi nombre en el listado. Mi nombre suena raro a los españoles, imagínense a los japoneses. Walky se lo indicó con el dedo antes de que la pobre señora hiciera un harakiri. Es un pueblo con un sentido del deber mucho más desarrollado que el nuestro.



Pedimos poca cosa, sobretodo porque el camarero nos paró en seco cuando ibamos a pedir más platos. Nos dijo, con una voz de piloto de caza Zero "noo, demasiado. Demasiado". Y nosotros, obedientes, dijimos "vale". Cuando uno piensa en el sushi, piensa en raciones muy pequeñas, de restaurante de nouvelle cuisine, y teme no saciarse. ¡No es así! El sushi llena, y mucho.



Después de la deliciosa ensalada aliñada con saladísima salsa de soja, probamos unos tallarines sin caldo muy ricos (no recuerdo el nombre de ningún plato, el menú era pintoresco, pero mi memoria para el japonés todavía no es muy buena). Con todo los tallarines fueron lo menos interesante; es difícil impresionar a un italiano con unos fideos jugosos.



Llegó finalmente el momento del sushi. Eso que parece jamón cocido pocho es nari, pequeñas láminas de jengibre para "refrescar" el paladar entre bocado y bocado. Menos mal que Walky me avisó a tiempo, o me lo habría zampado entero. En cuanto a esa masilla verde esponjosa, se llama wasabi, aunque deberían llamarla "especia del infierno". Es mostaza verde hecha a base de rábano y picante molido: una pizca es suficiente para abrasar la boca y dejar en la nariz un fuerte olor a gasolina quemada.

Prescindí pues de las salsas, y ataqué el sushi con mis palillos. Además de las gambas siamesas atadas con alga nori, y un trozo de tortilla de sabor hispano (olé), pude identificar - eso creo - seis norimaki de pescado crudo y arroz, y tres deliciosos no-se-qué tubulares, que llevaban aguacate, pescado, arroz y huevos de pescado.

El sabor era sencillamente magnífico y nítido, y el estómago se llenó fácilmente. Como italiano que ha probado más de una vez el carpaccio, el sabor del pescado crudo no me ha sorprendido lo más mínimo. Ahora mismo estoy pensando aprender a cocinar sushi yo mismo, puesto que no estoy dispuesto a pagar cifras astronómicas para comer pescado crudo y arroz. Desde luego, me saldrán churros enormes las primeras veces, y sin los cuchillos adecuados y el pescado fresquísimo, tal vez deba renunciar al proyecto.



Por la tarde quedamos con PJorge y El Forastero en un simpático local de la calle Pelayo. Ha sido mi primera kdd bloguera (más fotos aquí). PJorge es simpático y propenso a la sonrisa: llevaba bajo el brazo uno de los libros de su Pila™, que Walky identificó y comentó rápidamente (es un rayo para estas cosas). Tomó agua con gas mientras nos fotografió alegremente con su Nokia. También se quejó del precio de las telecomunicaciones, y me contó con detalles el funcionamiento de un sushi-bar (que me atrevería a definir como el bar de tapas japonés). Forastero es un muchacho muy agradable y hablador, estuvimos media horita paseando con él por las Ramblas. Por cierto, su blog cumple dos años, ¡felicidades!

Cuando vuelva a pasar por alguna ciudad grande, ya os avisaré. En Valencia, de momento, creo que no hay muchos bloggers.

# - Escrito por Fabrizio el 2004-05-24 a las 01:00


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Comentarios

1
De: lizette Fecha: 2006-07-07 05:02

lo q le paso a un japones comiendo cebiche o pescado crudo por eso amiguitos no deben comer el pescado por q el pescado les hace mal okm q conste q les estoy advirtiendo bey de su amiguita lizette de el pais de peru capital lima provincia huancayo o provincia junin beyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy los quiero un monton bey



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De: lizette Fecha: 2006-07-07 05:03

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De: lizette Fecha: 2006-07-07 05:03

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De: lizette Fecha: 2006-07-07 05:03

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