Un lector me ha pedido amablemente que le dedique unas cuantas líneas a un suceso reciente y que da bastante que pensar, el asesinato de una niña a mano de otra, ocurrido en Japón esta semana. Son esas cosas que le dejan a uno un tanto desconcertado.

Enseguida los medios de comunicación culparon Internet y los chats, diciendo que en tales contextos virtuales no se pueden expresar las emociones, y que las ofensas son más duras. Lo que ocurrió fue esto:

La niña de 11 años que mató a Satomi Mitarai en una escuela primaria en el sur de Japón el martes dijo a la policía que había asesinado a su amiga porque estaba enfadada por un mensaje mostrado en una página web, informaron varios periódicos.

[...]

Los medios dijeron que la niña de 11 años había dicho a los
investigadores que pidió a Satomi que no escribiese mensajes sobre su apariencia en un cartel de anuncios en Internet, pero que su amiga se negó a parar.
Así que le cortó la garganta con un cuchillo. A sangre fría. Con 11 años. Algo anda mal, me dirán ustedes. Pues sí. Sin embargo, Internet no tiene nada que ver. Es un medio, un mero canal. Está claro que cuando uno necesita desesperadamente buscar un culpable, es capaz incluso de personificar lo que no tiene ni alma ni cara, como una red informática. Internet somos todos. Y el que la interacción que se lleva a cabo por Internet sea ligeramente diferente a las demás, no implica que la Red de Redes sea peligrosa.

"Es verdad que Internet puede ser un factor de incremento de reacciones emocionales, pero el problema más básico es la incapacidad para comunicarse hábilmente con otro ser humano", dijo Tatsuo Inamasu, un profesor en la Universidad Hosei de Tokio.

"Las informaciones dicen que el desencadenante fue un comentario en Internet, pero tuvo que haber mucho más antes de eso", añadió.
¿Qué es ese mucho más a lo que se refiere el doctor Inamasu? Me da que algo huele a podrido en japón, y no es el pescado. Tal vez sea el estrés de la vida en la megalópolis, en el que adolescentes que leen manga todo el día, se quedan encerrados en sus habitaciones durante meses, sin salir, o acometen homicidios inspirados en sus tebeos (el fenómeno se llama Hikikomori).

La competitividad japonesa es legendaria. Una de las primeras economías del mundo no se sustenta en la nada, sino en un sistema de disciplina férreo, en la promoción de la capacidad de trabajo, y en la explotación de los recursos intelectuales. El sistema educativo japonés es buena muestras de ello.

La competitividad entre las prefecturas contribuyó a elevar el nivel e incrementar las instalaciones de las instituciones educativas. Asimismo, el privilegio que se obtiene en base a los exámenes de ingreso y el ingreso en sí a las escuelas basados estrictamente en la capacidad, incitan la competencia en las personas, incrementando el número de postulantes y manteniendo el elevado nivel académico.
He oído decir que, en Japón, es importante incluso la guardería en la que el niño entra. Que todo el currículum escolar se revisa a la hora de encontrar trabajo. Y que suspender una asignatura puede ser motivo para algo más que unas horas de tristeza. Hablamos de cosillas como el suicidio infantil. En una sociedad dominada por las apariencias y por conceptos totalmente psicosociales como el sentido del honor (que no son más que quimeras), descubrimos en un excelente artículo de Verònica Calafell que:

La tasa de suicidios en Japón continúa, sin embargo, siendo una de las más altas del planeta. En 1996, se hablaba de una tasa de suicidios del 18,4% cada 100.000 personas, y creciendo, seguramente agravada por la terrible crisis económica que azota al país desde hace más de una década y no parece dar signos de mejorar. Según un artículo de la agencia Reuters del 30 de junio del 2002, en el 2001 se quitaron la vida 30.000 personas en Japón, la mayoría de ellas varones de entre 40 y 50 años. Esta cifra, si bien no batió el récord (alcanzado en 1998, con 32.853 casos de suicidio), es altísima en comparación con la de otros países. En Estados Unidos, por ejemplo, cada año se matan una cantidad similar de personas; pero la población del país dobla a la de Japón.

[...]

Existe además el suicidio como acto de amor (shinju, literalmente traducido "en el corazón"), en el caso de las parejas que se suicidan juntas por no poder vivir su amor libremente en vida; el caso de los padres que se suicidan para evitar la vergüenza a su familia, a su mujer y a sus hijos... Y en el caso de las mujeres que se suicidan con sus hijos (se habla de suicidio-asesinato, porque suele tratarse de pequeños de entre uno y tres años, según las estadísticas), porque los hijos son de su propiedad y es mejor ofrecerles el paso a una vida mejor juntos que dejarles solos en este mundo de sufrimiento.

Y el caso más escalofriante, sin duda, es el suicidio infantil... De un total de 32.863 suicidios en 1998, 720 eran niños, cifra que aumentó a 1.200 niños al año siguiente... Parece increíble que viendo estas cifras los japoneses no se planteen una reforma de su sistema escolar y de la presión que los pequeños tienen que soportar para ser, siempre, los mejores.
Hay también una interesantísima entrevista sobre el tema con una profesora de secundaria japonesa. ¿Cuál es el motivo de tantos suicidios y actos desconcertantes en Japón? ¿Un entorno sobrepoblado y hostil, siempre metido en dinámicas de competitividad ultra-estresantes? La etología parece destacar la relación entre el hacinamiento y la agresividad intraespecífica - sin embargo, hay zonas incluso más densamente pobladas que Japón, y no son igual de truculentas. ¿Se trata más bien de un problema ligado a la excesiva industrialización? ¿Qué es lo que está ocurriendo?

Conozco demasiado poco la cultura japonesa como para hacerme una teoría acerca de lo que allí ocurre. Lo único que puedo hipotizar es que la vida ha pasado a un segundo plano - y no sólo en Japón, que ha sido desplazada por otros "ídolos" como la producción, el mercado, y el rendimiento, y que todo esto produce una neurosis nacional de pronóstico muy malo. Obsesiones, consificación de la vida, recentrismo, idolatría, alienación.

Ya lo dijo Marx: el sujeto se cosifica, se convierte en mercancía. Y la mercancía, como todos sabemos, se puede usar y tirar. O matar.

# - Escrito por Fabrizio el 2004-06-03 a las 01:00


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Comentarios

1
De: JJGarrido Fecha: 2005-10-11 04:48

Ey ve esto



2
De: JJGarrido Fecha: 2005-10-11 04:52

Leelo



3
De: JJGarrido Fecha: 2005-10-11 04:55

Leelo viejo te interesa



4
De: Tu_amigo Fecha: 2005-11-20 11:24

En Japón, los niños y jóvenes se les están desarrollando enfermedades extrañas de la mente, por la presión del sistema educativo, gubernamental etc. les dan medicamentos, que “dicen” las multinacionales farmacéuticas, fabricantes de ellos, que así serán más efectivos en el estudio, concentración etc. Estas pastillas peligrosísimamente se está extendiendo su uso por el mundo (esto de los químicos para el cerebro, es muy peligroso, y creo que es falso que sirva para bien)


Pobre niños, hace un poco de tiempo, vimos un documental en el Canal Odisea que se veía como los niños están sufriendo, les obligan mucho y llegan al suicidio, llegan a hacer cosas rarísimas, a una, le llaman enfermedad de…
Hikikomori
Copiado de http: //www.anedonia.net/hikikomori/
< Hikikomori en japonés significa inhibición, reclusión, aislamiento y este es el nombre que se ha puesto al trastorno que padecen cerca de 1.200.000 chicos japoneses.>

Yo creo que esto es una extrema locura, debemos ayudar a que se den cuenta, por favor si algún amigo japonés lee este mensaje, le ruego que les envié algún correo a los gobernantes, que les diga que en España muchos estamos deseando en extremo que cesen el extremadamente infernal fenómeno.

Con sincero amor.



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