Vivir con una física, no sólo es una experiencia enriquecedora, sino que es también agradable, y mucho (es un extraño cruce entre Data y Guinan - los trekkies me entenderán). No lo digo únicamente por los interesantísimos temas post-posmodernos sobre los cuales estamos acostumbrados a conversar, ni por las carreras a lo "Matrix" que solemos pegarnos por la ciudad (es nuestro hobby, para no perder nunca el bus o el tren); lo afirmo, sobretodo, por la destacada capacidad de abstracción que posee una física a la hora de resolver los problemas cotidianos.

Pongamos por caso que hay que comprar una estantería: Walky toma el metro, mide, calcula el error aproximado, y por poco no me hace una integral in situ. Acto seguido se dirige a Leroy-Merlin. Yo, en calidad de psicólogo profano y escasamente ducho en temas de ingeniería, considero que casi todas las estanterías son iguales. Craso error. Walky llega y examina: primero los materiales, luego una estimación de la resistencia estructural, tensiones, fatigas (histéresis mecánicas, me dice ella con dulzura), pasando por el análisis de tornillos y soportes, y finalmente un repaso al presupuesto que ni en Wall Street.

Lo que me deja boquiabierto es que ella lo pasa pipa montándolo todo, como si tuviera entre manos una caja de Mecano o de Lego - no en vano, cuando era pequeña, esos eran sus juegos favoritos. Yo prefiero observar, lo confieso. Se me da bien interrogar con actitud profunda la madera y los tornillos, sondeando sus traumas infantiles y redactando mentalmente un diagnóstico psicopatológico. Pero claro, eso no sirve de mucho a la hora de hacer trabajos de carpintería. Por suerte, Bruni también tiene dotes de liderazgo, y me arrastra rauda a las labores de turno, a las cuales aplico luego con fruición mis músculos.

Walky podría dejar la gente de Kombai & Co. a la altura del betún. Y a McGyver, le haría la competencia.

Imaginemos que hay que hacer un lavado de ropa: yo, que tengo la química olvidada en el cofre de mi mente, no sabría por donde empezar. Pero no he contado con Walky, que da la impresión de que tenga un Máster en Ingeniería Doméstica por el JPL: conoce los principios activos de los detergentes, y los mezcla con esmero y sabiduría, teniendo en cuenta variables como la fuerza de centrifugado, el tipo de tejido y su color, la temperatura del agua, su dureza, y un largo etcétera. Para lavar bien, en suma, hay que dominar técnicas de análisis multivariante. Ella las domina.

Walky tiene un lema especial: "No aumentes la entropía en vano". Y de hecho, por lo que se refiere a ahorro energético, optimización de recursos y espacio, recogida selectiva de basura y posicionamiento de muebles, es prácticamente... sueca. No ignora, con todo, la estética y la belleza, que para ella consisten principalmente en la pureza de líneas y los espacios libres. Tiene un estilo muy propio que me atrevería a llamar tecno-zen-hindú. Una especie de feng-shui geek.

En conclusión: quien sale de una carrera comparable con una estancia en el Averno, por cojones sabe hacer de todo. Yo lo veo a todas horas: ergonomía, ciencia de materiales, química casera, laboratorio de cocina, logística, prevénción de riesgos, primeros auxilios, mecánica clásica, microeconomía y caos, gestión de emergencias, higiene molecular y, si me apuráis, telecomunicaciones subatómicas. Y además, es friki. Y dulcísima. Me siento realmente afortunado :-)

Bueno, os dejo, que tengo que entrevistar el sofá antes de que Walky lo monte.

# - Escrito por Fabrizio el 2004-06-28 a las 01:00


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