Algunos cretinos piensan que la divulgación científica y la enseñanza de la ciencia y del método, deben prescindir completamente del humor. Tales individuos, consumidores y autores entusiastas de libros-ladrillos, merecerían un baño de estiércol por su ridícula seriedad y el aburrimiento que producen. Cubiertos por un fino estrato de mierda, serían más útiles.

Afortunadamente, otros no opinan lo mismo. En la medida en que una verdad científica, o una ley, o unos conocimientos obtenidos por el método son susceptibles de ser divulgados y presentados a un público "profano", principiante o incluso veterano, tal verdad (o ley, o conocimiento), puede explicarse a través de una poderosísima herramienta comunicativa: el humor.

¿Y qué mejor vector para el humor que un cómic?

Esto pensaron Larry Gonick y Woollcott Smith cuando publicaron su libro "La Estadística en Cómic", un agradable resumen de estadística descriptiva, probabilidad, variables aleatorias, muestreo, contraste de hipótesis, regresión y otros clásicos de la estadística en 230 páginas repletas de dibujos que arrancan carcajadas e ilustran de forma divertida - pero rigurosa - los conceptos más difíciles (¡por sólo 12 euros!). Aquí va un ejemplo que me hizo gracia:



Una broma, un guiño, o una concesión literaria que nos muestren al autor como a un ser humano, y no como un espantapájaros con cátedra, aumentan nuestra atención hacia el contenido: este se procesa mejor, con mayor profundidad, y se recuerda con mayor solidez. Autores que usan el humor son, por ejemplo, Stephen Jay Gould, Jerry Fodor, Richard Feynman, Steve Pinker o Richard Dawkins. Un ejemplo de autor coñazo lo tenéis en cualquier libro de texto universitario.

Por humor, no me refiero en exclusiva a una carcajada grasienta producida por un chiste verde. Es suficiente un estilo liviano y auto-irónico para evocar empatía en el lector. Cuando alguien escribe desde la ultratumba, se nota: textos intragables, insufribles, excelentes como material para la construcción de refugios termonucleares. Es lo que tiene escribir sin entusiasmo y sin emoción: que las palabras se hacen pesadas como bolas de plomo.

Habrá sectores del conocimiento en los cuales una bromita no sea tan bien recibida (por ejemplo, la patología médica), pero una inmensa mayoría de conocimientos básicos esperan ser divulgados por y para seres humanos. No recordamos mejor los consejos de nuestros amigos porque sean más válidos, sino porque apreciamos la persona y el contexto en los que los recibimos.

La Verdad no es más Verdad porque nos la diga un ser querido. Pero es más fácil tragar una píldora si tiene un buen sabor...

# - Escrito por Fabrizio el 2004-07-26 a las 01:00


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