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Ayer fui a ver, con Walky, El Fantasma de la Ópera (la versión de Joel Schumacher).
Es horrible. No, no me refiero al fantasma, sino a la película.
Como ha dicho David Ansen en Newsweek, "In Joel Schumacher's "The Phantom of the Opera," it's sometimes hard to tell the characters from the candelabra.". Le doy toda la razón.
Es uno de los bodrios más vomitivos que he podido presenciar. Durante los primeros 45 minutos tenía ganas de salir corriendo del cine y gritar incoherencias. Sólo el final se salvaba, con toques de tragedia soporífera aquí y allá. No sé cómo pueden gastar algunos tantos millones de dólares en semejante asquerosidad.
Y todo por un beso. El Fantasma de la Ópera monta 140 minutos de tortura únicamente por un beso. Luego, huye (quizá descubra que lo suyo era el voyeurismo, a secas).
Todo es absolutamente lamentable, empezando por el casting. Emmy Rossum tiene durante toda la película una cara de boba que se la pisa (es, prácticamente, su única expresión; quizá hubiera podido cambiar si alguien le hubiese suministrado un supositorio grandote). El doblaje en castellano es malísimo, y las voces, cuando se unen, producen efectos cacofónicos. Qué estafa.
En general, detesto los musicales y las óperas rock (a excepción de The Rocky Horror Picture Show y Jesus Christ Superstar), pero El Fantasma de la Ópera (esta versión, claro está), es un verdadero ejemplo de sadismo cultural en acción.
Tan mala es la película que he decidido incluirla en mi Top 7 de Las Peores Películas del 2004:
1 - Garfield
2 - El Fantasma de la Ópera
3 - Van Helsing
4 - Aliens vs. Predator
5 - Catwoman
6 - La Pasión de Cristo
7 - El Infiltrado
Aunque debo admitir que la última podría incluso rescatarse.
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