El niño me miró con grandes ojos marrones. Mientras sus padres y yo paseábamos por la ciudad, me alcanzó y se puso a hablar.

- ¿Eso de la psicología es interesante? - me preguntó con su voz límpida e inocente.

- Ya lo creo, es muy interesante. - contesté diplomático.

El niño siguió elaborando datos en el ordenador húmedo que tenía debajo de centenares de ricitos de oro.

- Y si uno se come un grillo, ¿tú se lo quitas del estómago?

Un instante de sorpresa.

- No. Pero le pregunto por qué se lo ha comido. - contesté con falsa seguridad.

- Ahh - exclamó el parvulo, como alguien que acaba de ser iluminado. - ¿Y si se lo ha comido porque tenía hambre?

- Entonces no pasaría nada. Pero si me dijera que se lo ha comido porque él también quiere saltar... eso ya no estaría tan bien.

El niño siguió caminando a mi lado, meditando. Yo también reflexionaba; concretamente, rumiaba la siguiente frase:

Nunca subestimes las preguntas de un niño

# - Escrito por Fabrizio el 2004-12-25 a las 01:00


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Comentarios

1
De: frank Fecha: 2004-12-28 05:03

no, nunca



2
De: frank Fecha: 2004-12-29 23:17

Lo de los grillos es porque (los psicólogos) se pasan el día con grillados...



3
De: fer Fecha: 2005-01-06 20:01

Los niños son increiblemente capaces de asombrarnos con su inocencia a la hora de hacer preguntas que nos dejan precticamente en el limbo



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