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Esta tarde, aprovechando el Día del Espectador, Walky me arrastró hasta el cine para que viera una película de nombre misterioso y póster oscuro: "Lemony Snicket: Una Serie de Catastróficas Desdichas". Mi escepticismo (bah, será otro clon de Harry Potter) se disipó raudo en la presentación, completamente clarificadora (no os la contaré para no arruinaros la sorpresa).
Es la clase de película que un niño nunca olvida. En el buen y mal sentido de la palabra. Causa la misma impresión que "La Historia Interminable", aún siendo la trama totalmente distinta. Tiene escenas tan potentes como puñetazos en el pancreas. Al final de la película, el simple vuelco de un sobre es suficiente para que se viertan lágrimas.
Reconozco que ni he leido los libros, ni sé quién es Lemony Snicket (y, al parecer, ni lo saben los demás). Aún así, me ha gustado sobremanera. Es un cocktail ácido-amargo, duro, dickensiano, hipnótico, como una pesadilla muy larga y muy viva.
La fotografía, el decorado... todo parece recordar a una película de Tim Burton. La banda sonora de Thomas Newman es tremendamente eficaz; le da una densidad única al ambiente. Lo que se ve en pantalla tiene una cualidad onírica, como si el espectador estuviera nadando en un frasco de gelatina gris, o visitando Escocia con gafas de sol durante un mes lluvioso. Resulta agobiante, pero agradable.
Como esas parafernalias de ángeles y demonios que pintaban Peter Brueghuel o El Bosco, con sus cielos plomizos, rostros horribles y árboles muertos:
"La Caída de los Ángeles Rebeldes" - Peter Brueghel el Viejo
El reparto no está nada mal. Dejando a un lado el cameo brevísimo e insignificante de Dustin Hoffman, Meryl Streep da vida a una mujer obsesiva-compulsiva con gran maestría, y Jim Carrey... bueno, Jim se lleva la palma.
Como ya han dicho algunos, por una vez su estilo de sobreactuación sirve para algo: encarna a un malo sin posibilidad alguna de redención. Un malo integral, uno de los personajes más antipáticos que yo haya visto en cine. No es como otros malos, que tienen -como defecto adorable- alguna que otra característica que hace que nos gusten. No: el malo de Lemony Snicket, el Conde Olaf, es un hijoputa integral. Los niños lo hacen bastante bien (aunque Emily Browning parezca tener los labios hinchados con silicona). Adorable el papel de la pequeña Sunny (con subtítulos de los balbuceos, gran intuición).
La historía en sí, dramática, pero narrada con equilibrio: tres niños se quedan huérfanos bajo circunstancias misteriosas, y son asignados a un tutor ignorante, psicótico, narcisista, ávido hasta las cejas. A partir de aquí se suceden varias "catastróficas desdichas", a cada cual más catastrófica, con muertes incluidas (aunque no explícitas, por aquello de que los niños bla bla), soluciones ingeniosas a problemas lógico-mecánicos, bestiarios de psicopatas, etcétera.
Si alguien piensa que esto se parece a Harry Potter, o bien no ha visto la película, o bien no sabe distinguir un palo de una bola. USCD es una película inteligente, hecha para gente inteligente, dispuesta a sufrir en la butaca, que no se conforma con explicaciones banales y finales de fábula.
Quizá por eso, en la sala, sólo había seis personas.
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