Ésa que véis ahí arriba es una impresora Hewlett-Packard 720C, quinta del '98, chorro de tinta, grandes y pesados cartuchos. Lenta y fiable, es una de esas HP que se construyeron para durar, como las de la mítica serie 500. Su gran mole y el aparatoso cable paralelo me han acompañado durante años.

Y seguirán haciéndolo hasta el Fin de los Tiempos. O eso espero, porque cambiar de impresora me produce cierto miedo preternatural, inexplicable. La impresora siempre ha sido el periférico que más quebraderos de cabeza me ha causado. Encontrar una buena impresora es como dar con algún tesoro escondido.

Esta HP sigue siendo válida para lo que hago: imprimir toneladas de texto negro y algún que otro gráfico gris. Ya no uso el color desde hace años. Por lo que se refiere a los cartuchos, los de HP siempre han sido caros, por llevar el cabezal incluido y bla bla. Ahora bien, cuando descubrí las recargas de InkTec, todo ha sido coser y cantar. La molesta operación consistente en chutarle tinta al cartucho mediante jeringuilla se ve recompensada por un ahorro importante. Ahora tengo cartuchos chungos, pero felices.

Me pregunto cuánto tiempo seguirá funcionando la Jaca-Paca. ¿Y si cambiara de impresora? Ahí es cuando empiezan las dudas. ¿Sigo con chorro-de-tinta? ¿Me paso a una láser de gama baja-apetitosa? ¿O compro una increiblemente cara impresora matricial, con su ruido característico y el papel contínuo? ¿Y si lo escribiera todo a mano? ¿Compro un escriba egipcio? Mejor: dejo de imprimir y así ahorro y quedo chachi-ecologista.

Bueno, seguiré con mi robusta HP, más que nada para ser fiel al antiguo proverbio geek: "Si funciona, no lo cambies".

# - Escrito por Fabrizio el 2005-02-28 a las 01:00


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