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Me levanté otra mañana más para seguir con mi aventura. Las mantas calentitas y las ocho horas de sueño me hicieron recuperar cuatro puntos de maná, y cinco de vigor. También pude contar con un bonus de energía de tres horas.
Al desayunar café con tostadas y mantequilla, obtuve un +3 de percepción, aunque mi destreza disminuyó una tirada de dados, por lo pesado del bacon que añadí a escondidas (merced a mis habilidades de clase Pícaro). Luego me vestí con vaqueros y camisa. Este atuendo tan poco de moda penaliza el carisma con un -2, pero por otro lado facilita la comunicación con la especie Ingenierus.
Acto seguido leí el periódico de la mañana, para ver qué tenía en mente el Master para hoy. Una vez familiarizado con la ambientación, salí a la calle, en un nivel llamado "Recorrido Casa-Trabajo", rebosante de PNJs y tiendas de suministros. Era obvio que para conseguir una misión tenía que alcanzar primero la Oficina, el lugar de reunión del resto de mi equipo.
Nada más llegar, bastó tirar el dado de ocho caras para descubrir que una patrulla de devastadores llamados "clientes" iba a ponernos en apuros, y a sitiar, y eventualmente saquear, nuestro pequeño campamento. El clérigo del grupo, Miguel el Administrativo, nos condujo rápidamente hasta la Sala de Reuniones, donde nos esperaba el Jefe, importante PNJ y PNT (Personaje No Trabajador). Antes de entrar allí, guardé el juego en la máquina de café, y proseguí.
María, la hábil amazona del grupo, llevo la voz cantante, y gracias a su puntuación elevada en carisma y empatía (merced también a un peinado élfico especial), consiguió convencer al Jefe a que nos diera algunas horas más de tiempo para organizar la defensa. Juan el Berseker salió todo contento, pero en el proceso volcó una pila de documentos y dió un golpe a la fotocopiadora. Resuelto el accidente, nos preparamos para la batalla.
[Continuad vosotros...]
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