Odio las compañías de telecomunicaciones.
Para qué negarlo. Ofrecen servicios pobres a un precio exagerado. Pero eso es algo que se puede tolerar. El mal servicio se tolera. La gente se escuda detrás de los "problemas de infraestructuras", de la "falta de presupuesto", de la "mala gestión del personal", etcétera. Me gustaría tachar esos argumentos de polladas, pero no puedo, porque sé que son verdad. Aún así...
Creía que mi odisea Telefónica -> Jazztel había terminado, pero no.
Telefónica me ha seguido cobrando el ADSL, a pesar de haber recibido una orden de traslado a otra operadora. Estamos hablando de 40 pavos al mes. Mi sorpresa ha sido mayúscula. He llamado al 1004 - suelen haber siempre alguien, eso es bueno.
¿Os lo podéis creer? Querían echarle la culpa a la otra operadora. Vamos a ver. Uno decide pasar su ADSL a otra compañía, ¿de acuerdo? Pues bien, eso implica desmontar el circuíto ADSL del Telefónica y dárselo a Jazztel. Cuando se desmonta el circuito, YA NO HAY ADSL con la antigua operadora. Finito. Kaputt. Imposible conectarse por Telefónica.
Lo que me querían decir en Telefónica era que, por alguna extraña razón, yo seguía USANDO SU ADSL, y ni siquiera les constaba que lo hubiera pasado a otra operadora. Me han propuesto que llamara a Jazztel, y que lo aclarase con ellos, "porque seguramente la responsabilidad es de ellos, no nuestra". Claro. Patata caliente. No nací ayer, ojito.
Llamar a Jazztel es un calvario. Ha mejorado ligeramente, pero sigue siendo una experiencia parecida al Via Crucis. Así que, ante la perspectiva de perder toda una mañana al teléfono, me puse ligeramente asertivo, y conduje al asesor comercial de la mano hasta que pudo ver la luz por sí solo.
Si se desmonta un circuito, ya no hay servicio, le dije. Ahora bien, para hacer tamaña operación, hace falta un mínimo de papeleo. En cualquier puta organización con ISO-nuevemilpollas el papeleo debe seguir un cauce establecido para que no se convierta en papel higiénico, el del water. Ergo, o su informatización es penosa, o se han perdido por los Cerros del Úbeda.
El caso es que el amable asesor pulsó entonces algunos botones y pudo ver - ¡milagro! - que a pesar de estar yo pagando los 39 euros al mes, tenía dadas de baja las direcciones de correo POP, el espacio web, los servicios online, y toda la parefernalia inútil que dan de alta junto a la línea. Ahí es cuando en su mente resonó un *clang* y pidió ayuda. Después de cinco minutos me dijo que, por tratarse de un "error anómalo", Telefónica iba a devolverme en la próxima factura el dinero de las cuotas extra.
Cojonudo, asunto arreglado, aunque jamás sabré qué ocurrió realmente con mi circuito de ADSL. Me imagino la escena: dos individuos de baja estofa se intercambian una tarjeta de comunicaciones, en la semi-oscuridad de un nodo local de datos. Sin contratos, sin firmas, y sin constancia alguna del cambio. Luego se separan en silencio, como quien no se conoce.
Por lo que se refiere a Jazztel, utilicé la siguiente estrategia: llamé el 1565, puse el manos libres, y me fui a trabajar a otra habitación. Después de 25 minutos (los he contado), oí la voz de una operadora, así que corrí enseguida a contestar. Me han estado cobrando durante mes y medio una tarifa plana local de voz de 12 euros, que yo dí de baja formalmente no una, sino dos veces, al pedir una tarifa plana nacional.
La operadora, desconcertada: "Es que es raro... ambas tarifas son incompatibles". Ya. Son incompatibles, pero no a la hora de cobrar. A la hora de cobrar, cualquier error, cualquier cálculo absurdo, se vuelve plausible. Son los putos genios de la contabilidad creativa. Estamos viviendo un Rinascimento de la estafa legalizada. El software contable de las compañías de telecomunicaciones debe ser la monda.
Me han dicho que me lo van a devolver todo en la próxima factura. Ya veremos. Ah, y también me enviarán el router, por el cual pagué unos 35 euros, y que jamás ví (he estado usando el de Telefónica). Por mensajería, dicen. No me fio. Es imposible fiarse después de tantas putadas. Hay que llamarles como mínimo tres veces para asegurarse de que los datos han sido introducidos en la interfaz-gilipollesca. Son como adolescentes que te roban el dinero y nunca te escuchan.
Pero, ay, algún día madurarán... algún día madurarán... He dicho.