No, el título no es irónico. Es real. En éste artículo de The Times me he enterado de que los burros de la localidad inglesa de Blackpool tienen ahora derechos laborales. Concretamente, una semana de 48 horas, pausa para comer de una hora, y viernes libres.
Officials said they wanted to ensure their donkeys were happy and healthy as they have been part of the resort’s history since Victorian times.
Han pasado 160 años desde el Manifiesto a las Clases Trabajadoras de Gran Bretaña, redactado por Engels en 1845. Parece ser que algo ha cambiado, efectivamente, pero me pregunto cómo, y de qué forma. Quiero decir, es evidente que hay seres humanos que disfrutan de menos derechos que esos burros (fuera de Europa, y quizá incluso dentro de ella, si pensamos en consultores e informáticos).
Quizá no debería enfadarme. No debería dar golpes en la mesa cada vez que leo una noticia como ésta. Pero así ocurre, a pesar de que conozca la frivolidad contagiosa de la prensa inglesa y de los tabloids. En todo caso, tampoco sería la primera vez que esta civilización trata mejor a los animales que a los seres humanos (otro misterio).
Visto lo visto, uno tiene cada vez más ganas de ser un animal doméstico.

