Es lamentable.
Cada vez que veo un premio al mejor blog pico como un pececillo, me apunto, y luego, como suele ocurrir, pido que me voten de alguna forma. Trátase de un mecanismo perverso que no puedo evitar, pues como todo animal filosófico, tengo un ego al que dar de comer. Un pequeño Algernon cabrón que pide a gritos reconocimiento y fruslerías mundanas que, con toda seguridad, serán polvo interestelar cuando nuestro sol decida saltar por los aires (y uno espera que ocurra tarde).
Votadme si queréis. Os lo agradeceré y bla bla bla. Y si no queréis votarme, pues tanto da, nunca lo sabré. Al fin y al cabo nunca he ganado un premio bloguero, y no pasaría nada si no ganara éste. En el caso de que queráis votar a este desgraciado que soy, tenéis que pinchar el gráfico que aparece arriba, y perder media hora con un proceso sádico de alta que ha sido concebido para evitar que la gente vote, y por lo tanto evite cometer fraude electoral.
Gracias de todas formas por leerme, ya es un voto tácito de confianza :-)


