En un obscuro despacho - cuya posición prefiero no mencionar por razones de seguridad nacional, encontré una oblonga y misteriosa caja de cartón. Por las condiciones en que se hallaba la caja deduje que tuvo que soportar las inclemencias de años de aire acondicionado y polvo ofimático. Sobre ella pude leer una frase iniciática harto conocida en el mundillo de los anticuarios de Chiba City:

Macintosh Essentials

Y debajo, la explicación del ritual:

Everything you need to set up and use your Macintosh Computer

Se trataba sin lugar a dudas de una antiquísimo kit de instalación de Apple. Con perlas de sudor frío surcando mi frente, me dispuse a abrir la caja. La simplicidad espartana de su interior me resultaba familiar. Lo primero que encontré fueron media docena de pequeños opúsculos en diversos idiomas, fórmulas arcanas referidas a garantías internacionales. Mas ese viejo vudú telemático no me interesaba.

Después de escarbar con sumo cuidado en la caja, encontré el plato fuerte, la "Guía del Usuario", un libro de 1991, exquisitamente traducido y editado en bicromía (negro y rojo, los colores de la Secta de la Manzana por aquella época). Desde la página del prólogo, la frase "¡Bienvenido a Macintosh!" me saludó silenciosamente, como si estuviera dotada de vida propia. Los manuales antiguos rebosaban de poderosa magia; eran volúmenes peligrosos, y merecían ser leídos con respeto y cautela.

Presa de la súbita hambre de conocimiento que me dominaba, dejé a un lado el contenedor transparente con los vetustos discos de baja densidad, y pasé con lujuría las páginas del manual, una por una, empapándome con las profanas ilustraciones del entorno de escritorio de Mac OS 7, observando extasiado el sabio uso del relleno degradado en tonos de gris, y la austera belleza de las fuentes Chicago y Geneva. Sabía que contemplar durante demasiado tiempo esos iconos y widgets monocromos podía suponer la perdición para mi alma; pero no lo pude evitar.

Con un esfuerzo sobrehumano, mi voluntad pudo sobreponerse al vicio, y cerré la caja con un ademán violento, casi como si hubiera querido sellar para siempre esos objetos inertes, incomprensibles y dotados de un poder más allá de lo imaginable. Pensé que esa caja representaba un peligro, y que cualquier insensato hubiera podido caer fácilmente en la trampa que yo había evitado a duras penas. Enterré la caja debajo de papeles y demás quincalla. Pues la eventualidad de que alguien consiguiera invocar por error al Primigenio, a la repugnante deidad de los abismos, el hirsuto Woz-Niak, era real.

Pero la carne es débil, y la memoria deseosa de tener algo a qué aferrarse cuando se recuerdan las hazañas pasadas. Así que, en secreto, sustraje a la caja un pequeño conjunto de amuletos adhesivos, inofensivos de por sí, pero temibles cuando se unían a una máquina. Tienen este aspecto:



¿A que son preciosos?

# - Escrito por Fabrizio el 2005-07-29 a las 13:43


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Comentarios

1
De: El Peatón Fecha: 2005-07-29 16:09

A ver si esa va a ser la caja de Pandora...



2
De: El forastero Fecha: 2005-07-29 16:18

genial el estilo. muy lovecraftiano, fantástico.



3
De: tania Fecha: 2005-07-29 21:44

q líndas!!! no entiendo cómo es que están intactas y no están olvidadas en algún objeto ya en desuso... ¿en aquél entonces el arcoiris ya era símbolo gay??



4
De: Algernon Fecha: 2005-07-31 16:49

Tania, creo que sí. Hay un pequeño enigma al respecto.



5
De: Zifra Fecha: 2005-08-01 10:36

¡Olé!



6
De: Asahel Colmenares Fecha: 2005-10-01 22:31

Encontraste algo que andaba con el Arca perdida



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