Al joven y prometedor Luk Van Parijs, investigador del prestigioso MIT, le pillaron con las manos en la masa y le despidieron. ¿El motivo? Falsificación de datos en varias publicaciones científicas y peticiones de financiación. Lo que ocurre en estos casos es de recibo: el autor y algunos colaboradores muestran su sorpresa, la institución afirma que se trata de casos aislados (no vaya a ser que el halo se extienda), y todo sigue su natural cauce. Más o menos.

El caso de Van Parijs ya tiene su rinconcito en la amplia colección de fraudes que pueblan la Historia de la Ciencia. Se trata de scientific misconduct, de portarse mal - en resumen, fuera y dentro del laboratorio. Uno no esperaría que esto pasara en el ámbito científico, donde la honestidad y el buen hacer se presuponen como virtudes del buen científico. Pues bien, sí que pasa. Claro que en el MIT hay un control más profundo de la calidad: en España dudo que hubieran echado a un catedrático por falsificar un puñado de datos. ¿O sí?

¿Y por qué pasa esto? Por muchos motivos. Por el publish or perish, por ejemplo. Publica o muere: presenta resultados, no te pares nunca, cita mucho (aunque nunca hayas leido a los artículos que referencias). Es bueno que exista meritocracia, por supuesto. Antes la ciencia era sólo cosa de ricos caballeros adinerados que podían organizar expediciones costosas, montar un laboratorio en la casa de campo familiar, etcétera. Ahora cualquiera puede hacer ciencia. Cualquiera puede escalar hasta el rango de lab-diva, mientras haga el "ruido" adecuado y reciba la financiación de organismos públicos o privados.

Ahora bien, en el momento en que una organización deja de ser horizontal para convertirse en una pirámide de knowledge kharma, las cosas se complican (en sentido sociológico). Resulta así que para obtener esos fondos lo más fácil no es hacer investigación de la buena, sino falsear unas cuantas celdas de la hoja de cálculo. O presentar registros de observación "mejorados". O cuadernos de laboratorio más falsos que una moneda de tres euros. Es la vía del Lado Oscuro.

La cantidad de publicaciones representa uno de los pocos índices numéricos de "calidad" del I+D, y se premia mucho más que la bondad de la investigación o de la enseñanza (que son cosas subjetivas). En instituciones de prestigio se mira también el Citation Index, no vaya a ser que uno publica mucho, sí, pero en el congreso de la parroquia local (algo que ocurre en España). Aún así, no es imposible colar bodrios en publicaciones de prestigio. Sin embargo, el problema más preocupante, en mi opinión, no es que exista este fenómeno en la comunidad científica, sino su razón de ser, sus orígenes.

Uno de ellos, ya lo hemos dicho, es el deseo de fama. Es tan humano y tan comprensible que no hace falta explicarlo. La ciencia, como toda actividad humana, tiene su panteón, sus hagiografías, mitos y rankings variados. Consecuencia directa de ello es el sentimiento que empuja hordas de graduates a lanzarse hacia sueños inalcanzables como el premio Nobel, la medalla Field, etcétera. En todo nicho cultural, sea este el deporte, el arte o la ciencia, hay personas que desean destacar, mostrar a sí mismas que valen algo. De cara a la investigación esto resulta ser un arma de doble filo, pues si por un lado una moderada ambición puede ser positiva para el desarrollo de la investigación, por el otro puede llevar a conductas poco éticas, a una falta de fair-play. Es un factor a tener en cuenta, a menos que se opte por científicos artificiales carentes de emociones.

Y luego está el tema de la ciencia como oficio. Si el científico fuese un leñador sería sencillo medir su rendimiento: bastaría con hacer un recuento de los árboles abatidos. En lugar de eso, el científico asalariado es una especie de funcionario del pensamiento, un artista de laboratorio que, en lugar de contar con padrinos o mecenas, debe conformarse con la tutela de un organismo que le financia. Ojo: le financia, sí, pero en base a los resultados. Y he aquí que se le pide al científico algo aparentemente paradójico: que descubra algo en un plazo de tiempo determinado. Que publique. Que haga experimentos con recursos limitados, justificando cada movimiento, y haciendo que sus conclusiones resulten interesantes, pero no demasiado polémicas (o el editorial board dice "nanay").

Es lo que ocurre con la gran mayoría de científicos, que ni son divas, ni pueden contar con recursos ilimitados. Pedir dinero a los demás implica justificar el motivo, y eso es un coñazo. ¿Qué habría hecho Darwin si hubiese tenido que pagar su viajecito de cinco años con fondos públicos? ¿Le habrían concedido una FPI?

Son cosas. Le paso la pelota a BioMaxi, que igual así se anima a bloguear otra vez.

# - Escrito por Fabrizio el 2005-10-28 a las 15:14


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Comentarios

1
De: Javitxu Fecha: 2005-10-28 18:06

Sabía que lo había visto en algún lado:

http://www.geo.arizona.edu/~mdbarton/images/Cartoon-Publ-or-perish.gif

:=)



2
De: Algernon Fecha: 2005-10-28 18:06

xDDD



3
De: BioMaxi Fecha: 2005-10-28 21:28

Tempting. May consider it.

Por supuesto tengo mi opinión, pero no sé si me apetece hablar de ello ahora mismo, la verdad.



4
De: milena de las sexperiencias Fecha: 2005-10-29 09:44

Vaya, qué cosas pasan, y servidora se queja que los de La Casa del Libro han puesto mis "Sexperiencias" al lado de "Los Milans del Bosch. Una Familia de Armas a Tomar". Quizá para calentar a los Milans...



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