腐敗
La corrupción es un asunto serio.Según Transparency International, la corrupción sigue siendo alarmante en 70 países. España ocupa el puesto 23 de la tabla mundial (es el 23º país menos corrupto, pero está bajando puestos). Luchar contra la corrupción y la mala administración no es fácil. En el origen encontramos muchas veces una mezcla de escasa conciencia social, ignorancia y características personales que favorecen la aparición de un espectro de actos delictivos que van desde el mobbing hasta la omertà, pasando por sobornos, abusos de autoridad y un largo etcétera. Luego lo que la corrupción en sí genera es ineficacia administrativa, malgasto de recursos, accidentes, miseria, injusticias, delitos...
Se me ocurrió el otro día - y aquí entramos ya en la fanta-historia - que una forma efectiva de lucha contra la corrupción sería rescatar del baúl histórico al antiguo cuerpo de examinadores imperiales chinos, y adaptarlo a los tiempos modernos. Es un sistema basado en el confucianismo que, a pesar de tener sus defectos, demostró cierta eficacia inicial en la selección de los funcionarios imperiales. Y es que el concepto subyacente es muy simple: no se puede asignar un puesto de responsabilidad a una persona que no demuestre integridad ética o un profundo sentido de la justicia.
Rizando el rizo, yo pondría como condición sine-quae-non el superar un examen que ratificara la aptitud psicológica para el puesto de responsabilidad. Esto se hace en el ejército, por ejemplo, o en algunas empresas privadas: ¿por qué no debería hacerse para, pongamos por caso, un alcalde?
Hay personas que no deberían gobernar o administrar. Pues por muy brillantes que puedan ser, o astutas, o sencillamente populares, la falta de estabilidad psicológica o la presencia de rasgos determinados de personalidad - en resumen, su relación psicológica con el poder - puede ocasionar los mayores desastres para el bien común. Es obvio lo que me váis a decir: ¿quis custodiat custodes?
Es un problema eterno, un pez que se muerde la cola. En el momento mismo en que se instituye un cuerpo de examinadores por encima de su misma jurisdicción, puede haber lugar para abusos y más corrupción. Aquí no hay burócratas robóticos que valgan, ni precogs ni nada por el estilo. Sólo hay personas, y la necesidad de que trabajen bien para la res publica.
Los problemas de implementación son abundantes: ¿qué pruebas psicológicas se harían? ¿Cuáles serían los baremos o los criterios? Todos los procesos de selección contienen por su mera existencia la eventualidad de una injusticia. El cribado de candidatos tendría en sí la semilla de la discriminación injusta, a menos que el proceso se refinara. El caso es que no se trataría de discriminar, sino de comprobar si el candidato elegido sería o no apto para ejercer determinadas potestades.
A lo mejor ni siquiera haría falta traducir el psicodiagnóstico en una acción concreta: sería suficiente con anotar y observar el desarrollo de los hechos (a menos que los resultados fueran evidentemente graves). Dudo mucho que nadie quisiera como superior a un narcisista, o a un obsesivo-compulsivo (considerando siempre si estas "peculiaridades" influirían o no en el ejercicio de las funciones públicas del sujeto).
¿Qué opináis? ¿Someteríais a alcaldes, rectores, ministros, presidentes, etcétera... a pruebas psicológicas?

