Ha llegado. A Castellón.
Sí, El Corte Inglés ha sido inaugurado ayer en la capital de La Plana. Construido en un tiempo ínfimo sobre los terrenos de la antigua estación de RENFE, El Corte Inglés (en adelante ECI) se ha materializado en medio de la ciudad como una nave alienígena, invadiendo el espacio urbano, colapsando las calles, haciendo temblar de miedo al pequeño comercio local. Como toda nave nodriza de ECI, la de Castellón tiene una estructura parecida a la de un gran cubo sin apenas ventanas.
Un típico Corte Inglés. Resistance is Futile.
La tripulación es, a todos los efectos, de otra dimensión. Jóvenes y no tan jóvenes terrícolas han sido asimilados y modificados genéticamente para que lleven trajes con corbata verde o pesados jerseys de lana. Los machos están en su mayoría dotados de glándulas secretoras de gomina, mientras que las mujeres sudan maquillaje por los poros. Ignoro el motivo por el cual los tripulantes guardan asombroso parecido entre ellos. Me pregunto a qué modelo se inspirarán sus creadores.
Los ECI de tamaño mediano se caracterizan por tener un poco de todo, y a un precio generalmente superior al de cualquier otro sitio. Sin embargo, el espíritu servicial de los alienígenas - derivado de creencias hetero-inculcadas a la fuerza - atrae a más de una víctima. Diseñado para facilitar la entrada y dificultar la salida, un ECI canaliza el caudal humano a través de caminos circulares, escaleras mecánicas y ascensores abarrotados y lentísimos. La colocación del genéro es tan caótica que preguntar se convierte en acto reflejo, inevitable. En esos momentos es cuando ocurre el primer contacto del tercer tipo.
Se narran cosas horribles acerca de este Corte Inglés. Que hubo tres turnos al día para acabar de construirlo, por ejemplo. Con los peligros que eso conlleva para los trabajadores. Puedo imaginar al jefe de ECI como Darth Vader:
Darth Vader: Almirante Gómez, ¿se ha completado ya el edificio?
A. Gómez: Mi señor, hacemos lo que podemos, nuestros hombres...
Darth Vader: He sido demasiado indulgente con usted, Almirante. Es la última vez que me decepciona.
[El Almirante Gómez, con el traje y su pelo engominado, se retuerce en el suelo, estrangulado por los poderes del Reverso Tenebroso]
Darth Vader: Capitán López, le nombro Almirante. Quiero que completen el centro comercial para el 10 de diciembre. Espero que sea más efectivo que su predecesor.
A. López: [Hace una reverencia chocando los talones] Sí, mi señor.
Un estudio antropológico bastante fidedigno sobre los tripulantes de un ECI puede consultarse viendo Crimen Ferpecto (2004).
Por lo demás, no sé qué es más triste al entrar en un ECI. Si el estado anímico borderline de los empleados o la atmósfera de hipocresía comercial. O quizá sean las hordas de humanidad pintoresca que han invadido pasillos y mostradores. Y es que la Navidad parece ser la única época del año en que puede verse en la ciudad gente que normalmente nunca sale de sus tugurios o nunca baja de oscuros pueblos perdidos en las montañas (en plan Innsmouth).
Christmas scares the shit out of me.
Da miedo. Miedo ver el comercio tremebundo de los buenos sentimientos, el enpalagoso desfile de ilusiones y deseos insatisfechos, el contraste entre riqueza y pobreza. Dan miedo esos Papá Noel ninja que veo con cada vez mayor frecuencia, colgados - ahorcados - de las terrazas, en las ventanas, en los escaparates. Esos Santa Klaus congelados en el tiempo, como figuritas de un belén, haciendo algo que no tiene mucho sentido. ¿Y las lucecitas? Esas lucecitas que tanto me gustaban de pequeño, y que ahora me repugnan: luciérnagas engañosas, hitos intermitentes que indican algo... ¿el qué? ¿Que hay riqueza? ¿Que todo va bien?
Árboles de navidad... cipreses del cementerio de las buenas acciones. Centinelas del consumismo. Allí, esperando que depositemos en sus vientres vegetales una discreta cantidad de regalos más o menos inútiles. Como si la única forma de mostrar afecto fuera a través de objetos y relaciones objetales...
Os pido disculpas, me ha salido un post demasiado P.K.Dick :-D

