Lev Piotr Kiapposki (o Kyapposky) en 1927
Lev Piotr Kiapposki (o Kyapposky, Kyapposki, o incluso Kiapposky), conocido pedagogo soviético, ha sido hasta hace poco una figura desconocida fuera de Rusia y de los gulags. Sin embargo, nos hallamos ante un autor de altísimo valor intelectual, prolífico teorizador de la educación cuya herencia nos ha llegado sólo ahora, y con cuentagotas, a través de las traducciones llevadas a cabo por la editorial clandestina Matrioshka. Clarke (1976) no dudó en definirlo como el “Tamerlán” de la psicopedagogía, y la Universidad de Teherán inaugurará este año un congreso en su honor (tal es la repercusión internacional del redescubrimiento de sus obras).
Nacido en 1868 en el seno de una familia de nano-burgueses de Lvov, Kiapposki encontró enseguida los primeros estímulos intelectuales al trabajar en la granja de su tío Ivan, durante los tórridos veranos que transcurría lejos de la universidad de Kiev. Al tirar el cuello de los pollos descubrió que lo suyo era la pedagogía: abandonó así los estudios de ingeniería mecánica para concentrarse en los de filosofía, que le llevarían a doctorarse en 1893 con una tesis sobre el uso de las descargas en los pies y su efecto positivo sobre el aprendizaje de la termodinámica. Desde entonces su producción fue en constante aumento, contabilizando hasta su muerte 183 libros, 442 artículos, y un sinfín de congresos y fiestas de la cerveza.
El concepto fundamental del enorme corpus didáctico de Kiapposki es el “Túnel de Desarrollo Lejano”, esto es, la distancia que el alumno debe recorrer con pena y fatiga hasta haber alcanzado un nivel mínimo de aprovechamiento del contenido. Kiapposki prescindió de las visiones dialéctico-constructivistas: según él, el conocimiento era algo que el profesor debía inculcar a la fuerza en los alumnos, utilizando firmeza y savoir-faire. En su obra máxima, “La escuela como granja” (1917), Kiapposki expresa con gran belleza el concepto de TDL:
Los alumnos son como patos [...] a los que hay que hacer engordar el hígado con grandes cucharadas de conocimiento. Sólo así se consigue un buen paté. Y si el hígado no sale lo bastante graso, entonces siempre queda la opción de asar[N.d.T: “ayudar”] el pobre pato en cuestión [...]
A pesar de que sus ideas no fueran tenidas en consideración por la intelligentsia soviética, Kiapposki gozó de gran popularidad en varios distritos escolares de Kiev, en los que sus métodos fueron aplicados con entusiasmo y vigor, e incluso aplaudidos por intelectuales del calibre de Erich Heinz Kartoffel e Ivan Roprovich Lazlo. En un memorable discurso pronunciado en 1932 ante las autoridades locales, Kiapposki habló de la necesidad de establecer un verdadero proceso “enseñanza-esclavitud” (EE), distinguiendo entre contenidos, procesos, actitudes, sucesos, contextos, intrones, exones, muones, bosones y latigazos (todos ellos parte imprescindible de la estructura preclara del proceso didáctico).
Por desgracia, Kiapposki murió en 1937, en un oscuro accidente relacionado con ese paté que tanto adoraba.

