De vez en cuando la gente descarga su libido violenta hacia la blogosfera.
Primero ha sido Antonio Burgos - del periódico ABC -, quien, haciendo gala de ese humor podrido que tienen la mayoría de periodistas de artículos de opinión, ha escrito la inolvidable pieza "Bandoleros de blog y foro". Es un típico artículo de esos que no causarían carcajadas ni siquiera en los círculos más selectos de buitres. Y es triste el uso que hace de la generalización, algo que en otro contexto periodístico sería imperdonable. El hombre se ensaña con gusto:
[...] las pintarraqueadas paredes de los excusados de la estación de Utrera eran un manual de respeto y cortesía al lado de los blogs.
Celebro que un periodista tenga un conocimiento tan profundo del folklore carpetovetónico de este país, y que considere que una pintada en un retrete tenga más estilo que cualquier blog. Más adelante, Burgos admite perderse, más o menos como se perdió en su día otro intelectual, Umberto Eco:
Ahora entras en los blogs y no sabes lo que te puedes encontrar. Pueden robarle a cualquiera la fama, el honor, la credibilidad. La verdad misma es desvalijada a cada momento. Nadie sabe con qué intenciones. Y nada digo de los parientes cercanos de los blogs: la familia numerosa de los foros. Piense un tema, por raro que le parezca, y de eso hay setenta foros y siete docenas de blogs. Enlazados y conectados unos con otros. Donde todas las famas son puestas en almoneda. Donde todo fundamentalismo tiene su asiento y su «nick». [...] Los talibanes nos tienen rodeados.
Vaya. Entras un blog y no sabes lo que te puedes encontrar. Tremendo. ¿Pasará lo mismo con un periódico? Claro que no. En un periódico ya sabes de antemano que vas a topar con burradas como el artículo de Burgos. El pensamiento de este hombre es contradictorio: no sólo no parece valorar la dimensión democrática de blogs y foros, sino que encima nos define como "talibanes". ¿No es asombroso?
Con la misma temeridad e impunidad de los blogs, unos bien pagados foreros, sin mayor formación que su mala baba y su falta de rigor, haciéndose pasar por periodistas, opinan de todo lo opinable, asaltan honor y fama ajenos, de los vivos y los muertos, y se inventan lo que quieren.
Parece a todas luces evidente que Burgos tiene miedo - que se caga por las patas de abajo, vamos. Tiene miedo a que alguien cuestione su infeliz formación de periodista en eso de contar cuatro cosas - ergo teme perder su silla, o algo por el estilo. La generalización y la falta de juicio en sus palabras es tal que siento vergüenza ajena por él. Pero hombre, ¿es que está mal eso de opinar? ¿Es un crimen? Pero qué pedazo de mierda de artículo, en serio. Qué pedazo de estiércol fachoide nos han servido en bandeja. ¿Se ha molestado Antonio Burgos en leer lo que se escribe en los blogs? ¿Ha hecho un muestreo estratificado de lo que hay en la blogosfera?
La cosa no acaba aquí (sigh).
Ayer, en El País Semanal, otro artículo de Juan Cueto me hizo saltar sobre la silla. Hace año y algo, a Juan Cueto le gustaban los blogs (con sus reservas). Pero ayer volvió al ataque con una boñiga titulada "Los ciberfachas":
Basta una vuelta mañanera por nuestras bitácoras o blogs, como yo hago luego del primer café, para darse de narices (interfaz 0,40 cm.:distancia íntima) con el ponzoñoso mundo subterráneo e hipermoderno de los ciberfachas, una nueva tribu o raza de españoles que, utilizando con destreza y gracejo las maquinitas, te proyectan en el túnel de las más viejas y oscuras ideologías locales.
Yo me pregunto qué tendrá en Favoritos este señor. Es increíble. ¿Qué hago? ¿Le envío mi blogroll? A ver si va a pensar que la blogosfera se reduce a cuatro blogs periodísticos de sus amiguitos de merienda. Luego, después de tomar su café, generaliza. Otra vez, sí:
Hay excepciones, todas las que se quieran, y algunas de nuestras bitácoras independientes (pongamos una docena y pico si exceptuamos los blogs narcisistas, de amor y pasión friki) son todo un ejemplo para nuestro periodismo de papel. Pero la mayoría de esos champiñones digitales están envenenados, son puro maniqueísmo procedente de las peores añadas nacionales, y, sobre todo, son una excepción casera a esas tres o cuatro nuevas reglas globales de los años 00 por las que se rigen las jóvenes generaciones: desinterés ideológico; hartazgo de la política; extensión del territorio de la lucha, que diría Houellebecq, y pasión desenfrenada por el yo en todas sus posturas.
Más o menos la pasión desenfrenada que tiene Juan Cueto al firmar sus artículos. Y es que no sólo se ha olvidado de que existen blogs - y muchos - de tendencia progresista, sino que parece limitar su espectro de análisis a una docena de bitácoras. En lugar de conocer el fenómeno en profundidad antes de escupir sus palabras, se lanza directamente al ruedo con estos abortos de pensamiento falaz. Para más inri no comprende qué es un blog, esto es, no entiende que un blog no es más que un vehículo tecnológico para CUALQUIER clase de opinión, pensamiento o eructo mental PERSONAL.
Es como si alguien dijera que todas las revistas de cocina son vegetarianas. Manda huevos, qué coraje, qué confianza en el propio criterio. ¿Quién quiere periodistas así? A mí que me informen los vecinos...

