Hoy voy a hablar de política. Es inevitable. Es día de elecciones generales en Italia, mi país.
No puedo votar, ya que no me ha llegado la papeleta para el voto de los italianos en el extranjero. No sé si se debe a que el Vice-Consulado de Castellón se ha evaporado recientemente en la nada o a motivos más oscuros. Las papeletas para el referéndum sobre fecundación asistida sí llegaron. Además, la web del Ministero dell'Interno está petada (¡Ya funciona! Y tiene RSS para hacer seguimiento en tiempo real de los escrutinios).
Pero es que, aunque llegaran las papeletas, no sabría a quién votar. No, no malinterpretéis. No es que me gusten Silvio Berlusconi y Romano Prodi por igual. Es que ambos me repugnan. Si tuviera que elegir el mal menor, elegiría Prodi, sí. Porque Berlusconi es algo que no tiene nombre. Pero es que Prodi tampoco es el no va más. No es más que el típico catto-comunista, el ex-estalinista que bautiza a sus hijos en la iglesia, que no quiere oír hablar de matrimonios gay, que intenta llevarse bien con los industriales... la típica bazofia de centro que surgió de las cenizas de la Democrazia Cristiana.
Somos un pueblo raro, los italianos. Fuimos reino desde 1860 hasta 1946, año en que un referéndum poco limpio nos convirtió en República. Desde entonces se han sucedido sesenta gobiernos, gobiernos que han pasado por el "boom económico" de los sesenta - que nos llevó a ser una de las potencias mundiales del G6, en 1975 - por el terrorismo de las "Brigate Rosse" y por la Guerra Fría.
Hemos sido el país con el partido comunista más poderoso de Europa Occidental, y tenemos a nuestras espaldas un pasado de fascismo y partisanos. Como dijo una vez Ennio Flaiano, "Gli italiani sono sempre pronti a correre in soccorso dei vincitori" ("Los italianos siempre están listos para socorrer a los ganadores"). También somos una especie de estado-museo. Con un Sur sub-desarrollado y cantera para la mafia americana, un Centro dominado por Roma, y un Norte industrializado y mittel-europeo. Nos encanta la sátira, nos tomamos poco en serio a nuestros gobernantes, y en general somos muy buenos a la hora de autocriticarnos. Incluso demasiado.
Desde hace poco existe una especie de bipolarismo, con dos bandos enfrentados, donde antes sólo existían monstruos como el pentapartito, el compromesso storico de Aldo Moro y un sinfín de partidos minúsculos que se repartían cámara y senado. Francamente, no sé qué es peor. Todo cambió a principios de los noventa, con el movimiento judicial "Mani Pulite" - liderado por Antonio di Pietro (como el Garzón de aquí, pero más campechano), que destapó años de corrupción y modificó para siempre el panorama político del país. Se aprovechó de ello, aún lo recuerdo, la Lega Nord, que denunciando la corrupción del centralismo romano coaguló masas de electorado septentrional alrededor de su partido, obteniendo 80 escaños en 1992, y 180 en 1994.
En Italia apenas existen sentimientos nacionalistas, como aquí. A pesar de que tengamos 33 idiomas no oficiales, y diferencias tremendas entre las culturas de nuestras 20 regiones, divididas a su vez en 103 provincias, los únicos partidos que mencionan el federalismo son la Liga Norte, el Südtiroler Volkspartei, Progetto Sardegna y Liga Fronte Veneto.
Volviendo al tema de qué votaría, no lo sé. El partido político italiano al que me he sentido siempre más cercano es el Partito Radicale, que tiene cierta coherencia interna, una ideología de lo más cercana al anarquismo y una agenda muy jugosa:
Among the current party campaigns are the following:
1. Support of civil unions.
2. Abolition of the Concordato, the treaty between Italy and the Vatican, perceived to be too favourable to the latter in economic and institutional terms.
3. Legalization of soft drugs.
4. Support for democracy in the Middle East and the world, support for inclusion of Israel and Turkey in the European Union, and defence of democracy in Iraq, even with troops (Radicals opposed the invasion of Iraq by US, but were in favour of Saddam's exile)
5. Abolition of professional guilds.
6. Improvement of jail system and amnesty.
7. Free access to In Vitro Fertilization (strictly limited in Italy).
8. Research freedom (including bio-tech research).
9. Chemical abortion (still banned in Italy).
10. Generalized adoption of Esperanto as an international auxiliary language.
Luego hay algún que otro político suelto que despierta en mí cierta simpatía, como el neo-comunista Fausto Bertinotti o Gianfranco Fini (que representa a la derecha de manera bastante más refinada que Berlusconi). Los partidos de centro no me generan el más mínimo interés, ya que generalmente venden la misma mierda con un matiz ligeramente distinto. Si eso no es marketing ideológico...
Mi abuelo materno, de Emilia, fue partisano y comunista durante toda su vida. Mi abuelo paterno, romano y nacido en 1900, fue monárquico hasta la médula - y sospecho que también fue masón, pero nunca llegué a conocerle. Yo nací en Emilia, que es una tierra muy, pero que muy roja. Algunos dicen que es de las pocas regiones que todavía funcionan en Italia, pero yo no estoy tan seguro. Se han visto a demasiados "comunistas" enriquecerse con las cooperativas e ir por ahí con su Mercedes último modelo y zapatos hechos a mano. El alma de la izquierda italiana murió hace mucho tiempo, y es absurdo seguir pensando en ella como si estuviera vivita y coleando. Por lo que se refiere a la derecha, es una especie de quimera conservadora que lame los pies del papado y rememora con cierta timidez entusiasta el pasado fascista.
Uno se pregunta - medio en broma - si Italia no debería volver a ser una monarquía constitucional...
P.D: Por cierto, oí ayer a la periodista de Informe Semanal preguntarse por el apodo de Berlusconi, "cavaliere". Tendría que haberse informado más. La República dispone de una serie de premios al mérito. Uno de ellos es el Ordine al Merito del Lavoro, que se concede cada año a empresarios destacados. Berlusconi lo recibió en 1977, de ahí el título (que no apodo).

