Miserable esclavo del mapa, marioneta de traje y corbata, pusilánime adivino. Siempre ahí, de pie, con voz seráfica y una varita enclenque, toqueteando geografías que no conoce, señalando lo evidente e inevitable como quien acepta pasivamente su eterno retorno. Sabedor de lo efímeras que son sus palabras, dedica a los espectadores sonrisas hipócritas, pactadas.
Tiene la sonrisa segura del ignorante, de quien no sospecha las tragedias que acontencen a diario debajo de esas nubes estilizadas, al lado de las infantiles olas que representan fuerte marejada, o junto a esos soles sin justicia y sin calor. Es el sutil demagogo de la rutina, el profeta mediocre e impreciso que nunca quiere arriesgarse, que nunca quiere mojarse.
Las televisiones y los gobiernos siempre han reconocido su valor, su inestimable papel de juglar de la meteorología, sedante de masas, transmisor de mensajes positivos y vacíos. Hipnotiza con gestualidades calculadas, llenas de mesura y limpieza. El brazo, con la extrema elegancia de quien se entrena en silencio, ora surca el aire en busca de un anticiclón, ora se encoge con presteza para dejar al descubierto una zona nevada.
Nunca está quieto. Nunca ceja en su empeño de acariciar al país, en su afán patético de convertir un tedioso parte en una coreografía armoniosa y casi propagandística. Y todo va bien, todo sigue siendo normal, señores. El cielo no se cae, las temperaturas siguen estando dentro de los límites, las lluvias llegan con regularidad. Repitiendo frases rituales, mantras aeronáuticos, fórmulas navales, novenas agrícolas. Año tras año, perpetuando la nada, observando cómo actúa la gran mariposa del cambio climático.
Mas no temáis: cuando el mundo se acabe, será el hombre del tiempo quien lo anuncie. Y nadie tendrá miedo.
# - Escrito por Fabrizio el 2006-06-28 a las 00:26
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| De: Anónimo |
Fecha: 2006-06-30 14:08 |
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Nfer, no estoy en absoluto de acuerdo. Para empezar, pondría muy en cuarentena la información que me viene de un programa de televisión. Así a bote pronto lo de los botes me parece una magufada.
Y aun siendo suerte, con el método científico el porcentaje de acierto en predicción es altísimo en un plazo de cinco días. Y bastante aceptable de ahí a diez días.
Otra cosa es el tema de los partes meteorológicos, que, al menos en España, es una adaptación de la información que da el Instituto Nacional de Meteorología, y en el que en demasiadas ocasiones no saben adaptar la información correctamente.
La gente realmente no suele prestar atención a la información del tiempo, y sólo presta atención cuando de repente pasa algo inesperado. Yo que sí lo hago, puedo asegurar que cuando dicen que las temperaturas bajan, bajan, cuando dicen que seguirán subiendo, suben. Se anuncian las olas de frío, que llegan, con varios días de antelación etcétera. Así que de abandonar el método científico nada de nada.
Por cierto, el record mundial de predicción lo tiene el Instituto Nacional de Meteorología español. Lo consiguió en la boda del Principe Felipe y Leticia Ortíz, donde predijo con diez días de antelación y con un margen de error de cinco minutos cuando iba a empezar a arrear la lluvia. Y acertó.
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| De: Mannyac Boy |
Fecha: 2006-07-01 14:35 |
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Estoy con NFer. A nada que hagas un poco de caso al parte meteorológico, tarde o temprano ese día ves que se cumplen sus pronósticos (en mayor o menor medida, pero se cumplen).
Lo único que pasa es que cuando se equivocan y, por ejemplo, dicen que hace sol y al final cae el aguacero del año, la gente es con lo que se queda y se olvida por completo de todos los dias del año en que SI habian acertado. Es normal, pues a cualquiera le fastidia que te digan que hara un dia explendido, te vas al campito, y al final no puedes ni salir del coche de la que cae; eso al final lo recordaran como la anecdota de "si el dia aquel que fuimos a la sierra y nos cayo la de Dios es Cristo". En cambio, si el hombre del tiempo acierta, al hacer el dia que uno se espera, las anecdotas seran del palo de "ese dia tan guapo en la sierra", "fue una pena no ir porque llovia", etc.
Los meteorologos hacen su trabajo, y lo hacen bien, pero como todo hijo de persona tambien se equivocan.
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