SGDP
El Social, Genetic & Developmental Psychiatry Research Centre

Tal y como comenté en otra ocasión, iba a viajar a Londres, Reino Unido. De hecho, me encuentro ahora mismo en la capital del imperio, para mejorar mi formación en genética de la conducta en la séptima escuela de verano del SGDP. Pero dejad que primero os cuente lo que he estado haciendo en este inusual intervalo de tiempo.

Para empezar, he tomado el primer avión de mi vida. Experiencia interesante, más divertida de lo que pensaba - especialmente el despegue y los virajes, con esa agradable sensación que produce el movimiento de los líquidos corporales a causa de la aceleración. El avión de Ryanair, a pesar de la enorme cola en el check-in, ha sido puntual en todo momento. Las azafatas tampoco estaban mal - hacen curiosas coreografías de bailarina clásica wannabe para indicar las salidas de emergencias. Lo que me irritó, con todo, fue el interfono: el piloto hablaba como un escocés recién salido del servicio, y la azafata principal como Monica Bellucci, esto es, sin separar las palabras y vocalizando poco.

Algo así como LadiesandgentlemensitdownandfastenyourseatbeltGASP!

El aeropuerto de Stansted está más o menos en el Quinto Pino, a cincuenta kilómetros de Londres. Y es una terminal enorme, caótica. Bajé del avión con una escalera metálica, al más puro estilo papal. Y luego tuve que recorrer medio kilómetro de pasillos vacíos forrados de moqueta y cristal. Y recoger la maleta en la cinta transportadora, como en un sushi-bar. Por suerte, una amable pasajera, con su hija pequeña a cuestas, se ofreció a orientarme durante toda la tarde, a cambio de que le sujetara de vez en cuando a la criatura y su pañal: de no ser por ella, estaría probablemente perdido en la campiña de Essex, con un fajo de euros inservibles y preguntándome cuánto son cien yardas - abrazado a una oveja de cara negra.

Tras media hora de autobús empecé a ver Londres. La Greater London, ese conglomerado infinito de casitas de tropecientas chimeneas y ladrillos rojos. Lo vetusto y espartano de la mayoría de casas es algo que impresiona. Uno diría que no se construye nada nuevo en Londres desde la belle époque. Tuve incluso un dejá vú de "28 Días Después". Otra cosa que me ha impactado de Londres es la cantidad de verdor: árboles centenarios en cada esquina, musgo trepando por antiguas paredes, matorrales perfumados debajo de un puente, etcétera. Londres también posee sus olores. Hay uno en particular que, con sólo olerlo, da ganas de volver a casa: es una especie de mezcla de moqueta mohosa, baked beans, curry, cerdo frito en su sudor y otros guisos innombrables. Pero uno se acostumbra rápido.

Nada más llegar me percaté de que el tráfico hace que la ciudad tenga un ritmo lento, de vieja señora victoriana. En pocas palabras, el tráfico en Londres es análogo al paso de un río de barro seco. El transporte público, eso sí, está muy bien organizado, y aunque sea algo caro, funciona. El ticket hay que comprarlo directamente en la parada, con una máquina, a menos que uno se agencie - como hice - una travelcard de siete días. Irónicamente, los conductores de bus de Londres son seres autistas, aislados del mundo: no miran los tiquets, no les interesa lo que les preguntas, y si hay un borracho tendido en el bus, no es asunto suyo. Por otro lado, todos los británicos que he conocido han sido extremadamente amables: cuando tuve que alcanzar ayer la zona de Denmark Hill, me echaron una mano unas tres o cuatro personas, pidiéndome repetidamente el mapa. Ya que llegué en plena noche, y ya que los autobuses londinenses no disponen de un indicador electrónico de la parada, un pasajero bajó conmigo en la correcta, ilustrándome el camino a seguir.

Y es que los británicos son gente flemática, educada, muy dispuesta a ayudar y escucharte. Y, en contra del mito popular, nadie se ha metido con mi inglés. Es más, algunos lo han valorado positivamente. Anoche molesté al conserje del King's Halls con una bunch of questions; y el hombre, a pesar de hablar con un incomprensible acento cockney, se mostró totalmente disponible a echarme una mano, con abierta simpatía y cordialidad. Creía que los pueblos del Mediterráneo éramos tranquilos y sin estrés, pero estos días en el Reino Unido me han enseñado otra realidad paralela, en la que los británicos son gente tranquila, bromista, relajada - incluso en los peores momentos (¿serán los días soleados?). Por otro lado, yo interpreté el papel del ítalo-hispano desesperado y sudoroso. Son cosas, ¿eh?

Nada más llegar a Victoria Coach Station, el viernes por la tarde, tomé el autobus de National Express para Cardiff, capital de Gales y lugar de residencia de mi amigo Joni Karanka. Recibí otra dura lección acerca del tráfico de Londres: debido a un misterioso accidente, y a la imposibilidad de cambiar de ruta, el autobús tardó tres horas en salir de la ciudad. Creo que pasé algo así como una hora delante del Natural History Museum, sin poder entrar en él. Paramos delante de varias embajadas, y tuve incluso tiempo de encontrar un hotspot de internet inhalámbrico desde el bus y enviarle así a Joni un correo electrónico avisando del surreal retraso. Los pasajeros hicieron alarde de fatalismo británico, riéndose al teléfono de su situación desdichada.

Al salir de la ciudad el conductor empezó a hablar por el micrófono como un entertainer, empatizando con los pasajeros. Paramos en una estación de servicio: el conductor iba a terminar su turno de todos modos. Otros autobuses que seguían la ruta recogieron entonces a los supervivientes. Con decir que el autobus debía llegar a las 22:05, y llegó a las 02:00, he dicho suficiente. ¿O no? Incluso paramos para recoger a una dama en apuros que no había subido a ningún bus de emergencia. El conductor fue muy claro y caballeroso: "Ladies and Gentlemen, I wont leave a lady at night in the middle of nowhere" o algo parecido. El caso es que no había ninguna dama en apuros, así que seguimos el viaje sin más molestias. Me prometí a mí mismo tomar el tren más a menudo. Por suerte la vuelta no representó problema alguno.

Ya en Cardiff, Joni recogió mis restos en la estación de buses, y me condujo por las calles de la juerga galesa del viernes noche: borrachos pegándose según las reglas, gaviotas volando a ras del suelo, gente comiendo fish & chips de pie hasta reventar, calles peatonalizadas a la fuerza... la alegría etílica era palpable. De vez en cuando podían oírse gritos comparables a los de macacos eufóricos. Pero no hubo en ningún momento problemas de seguridad. Llegamos a la casa en la que Joni tiene su habitación, el número 41 de una calle residencial muy tranquila. Me tumbé en la colchoneta hinchable farfullando cosas acerca de duchas y cuartos de baño, y me sumí en un profundo sueño de cinco horas. De hecho, por un par de días, me convertí en el despertador orgánico de Joni.

Conocer a Joni en persona no ha supuesto un cambio radical en nuestra amistad de casi cinco años: ha añadido, si acaso, una dimensión algo más empírica al asunto. Comparte alojamiento con un clan de hindúes silenciosos y un alemán que haría que una Volkswagen se suicidara por ineficiente. Debe ser el único que escucha música en toda la casa. Si pasáis por Cardiff no olvidéis probar su Pork & Chicken (divino plato carnívoro). Cardiff es, por lo demás, una ciudad bastante bonita, con un puerto reconvertido en parlamento y leisure zone. El clima ha sido fantástico, lo cual es poco galés: pasamos la tarde del sábado bebiendo sidra fría de pera en el césped delante de la bahía, filosofando acerca del sentido de la vida. Por la noche, una visita rápida a un pub, haciendo de antropólogos culturales, esto es, observando cómo se emborracha la Cardiff pija. Hay una preocupante pasión por el rugby, por cierto.

Fortaleza - Caerphilly Castle

El domingo, antes de dirigirme hacia Londres, visitamos el castillo de Caerphilly, a unos diez kilómetros de la capital galesa. Es el segundo castillo del Reino Unido, y el primero de Gales por tamaño. Los galeses han sabido aprovechar sabiamente su patrimonio de piedras amontonadas, conservando perfectamente los bastiones y llenándolos con delicadas tiendas de souvenirs, falsos campamentos de gentes medievales, pseudo-cuervos, gaviotas, patos, exposiciones con paneles grandilocuentes, documentales que parecen escenas cortadas de Los Caballeros de la Mesa Cuadrada, fieles reproducciones de armas, y un moderado etcétera. Ya bronceado por el sol de Britania, y después de jugar una partida de billar con una pinta de Brains en la mano, tomé más tarde el autobús hacia el este, despidiéndome de Joni y prometiéndome a mí mismo volver a visitar una tierra tan fascinante - y eso a pesar de no haber podido conocer ni a una oveja lugareña - que dicen que son cachondas.

Ahora mismo estoy en la habitación del King's College Hall, y ya he terminado mi primer día de curso de la escuela de verano. Pero ya os contaré, si acaso mañana, cómo ha ido.

# - Escrito por Fabrizio el 2006-07-18 a las 01:24


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Comentarios

1
De: cuchufletas Fecha: 2006-07-18 01:32

¿ovejas?



2
De: Ctugha Fecha: 2006-07-18 01:33

Sospechosamente no radical, ¿verdad? Es como si te hubieras pasado por aquí cada otro fin de semana o algo... qué cosas...

Bueno, ahora ya has probado cosas que no volverás a ver en muuuucho tiempo: perry (sidra de pera) y Brains.



3
De: mar Fecha: 2006-07-18 16:22

que liiindo!



4
De: Camarada Bakunin Fecha: 2006-07-18 18:33

Muy buena la descripción de Londres, aunque hay algo que no me cuadra... ¿Conseguiste encontrar británicos en tu primer día allí? ¿Dónde? Porque un servidor durante la primera semana sólo vió españoles, italianos, pakistaníes, hindúes, chinos, alemanes... Pero sí, cuando los encuentras son majos.



5
De: Algernon Fecha: 2006-07-18 19:51

Bueno, sí, al principio no vi mucho británico :D



6
De: Josep Tarrés Fecha: 2006-07-18 21:22

A mí Londres me encantó. ¡Espero que disfrutes tu estancia!



7
De: laceci Fecha: 2006-07-18 22:05

El primer viaje en avión!! No salgo de mi asombro, acabo de imaginarte con el cesto de los huevos y las gallinas en el sobaco al más puro estilo paco martinez soria.

Mi primer vuelo también fue a UK, a recoger al chorvo-orgasmus, menos mal que no hubo turbulencias que si no no monto más en un cacharro de esos...

Paciencia con los capullos esos, cuanto más jóvenes son más gilipollas.



8
De: Dueña del Viento Fecha: 2006-07-18 22:30

El castillo es muy bonito, aprovecha el viaje ;-))



9
De: [Quique] Fecha: 2006-07-18 22:39

Entonces, finalmente te dejaron entrar... Una vez más los británicos demuestran el escaso control que tienen sobre sus fronteras.

Échales a perder la flema. ¡Que pierdan los nervios!



10
De: Lukar Fecha: 2006-07-19 02:04


El amigo Karanka... siempre dispuesto a una buena juerga

Suerte en la perfida Albion y saludos a Joni de parte de Lukar



11
De: anso Fecha: 2006-07-19 10:46

musgo... yo pensé que un día el musgo se tragaría esa ciudad... quizá algún día lo haga



12
De: okeimakei Fecha: 2006-07-19 18:22

Lo mejor de Londres son sus camiones asépticamente perfectos, sus curiosas estaciones de metro, y Greenwich Village. Como veo que ya visitaste dos, te recomiendo que también conozcas Greenwich.



13
De: delnorte Fecha: 2006-07-20 13:16

y las inglesas..ja,ja,ja..ah!..no..que estás ya comprometido..Pues disfruta de la cerveza, anda, que allí es caliente...joer, pues disfruta de todo lo que puedas..Eso sí, caro de cohones..¿verdad?. Un triabrazo. Carlos



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