Cada vez que entro en el Mediamarkoff*, un escalofrío recorre mi espalda.
No es por el surtido, ni por los precios, sino por la excitante sensación de ser un sospechoso, un potencial criminal, un eventual ladrón, un vil caco, un mangui wannabe. Y es que nada más poner pie en la entrada del gran almacén de la electrónica empiezan a mirarme mal.
El primer derecho constitucional que violan es el del Artículo 17, al obligarte a depositar el bolso u otras pertenecias en precarias taquillas de metacrilato. Eso cuando no te retienen ilegalmente por alguna sospecha.
Quien lo hace es normalmente un guardia de seguridad mal instruido, que cree que todos los que pasan delante de sus narices con un bolso son facinerosos dispuestos a saquear el local, como si estuviéramos en plena reyerta callejera de Los Angeles o New Orleans. Otro fenómeno frecuente, y no sólo en MediaMarkoff, es obligarte a enseñar el contenido de tu bolso. Es humillante e ilegal, y se pasa por el forro - en mi modesta opinión - el Artículo 18 de la Constitución, al vulnerar la propia privacidad e intimidad.
Cabe puntualizar algo muy importante acerca de los guardias privados: carecen por completo de autoridad.
Dicho esto, su presencia supone la primera humillación. El mero hecho que desconfíen de tí - por sistema - es un síntoma de que la política empresarial estriba en tratar a todos como malhechores. A eso le llamo yo "filtro de pase muy bajo". Sus porras, que jamás pueden usar contra tí, so pena de acabar derechos en la cárcel, son meros efectos especiales disuasorios. La autoridad que supuestamente emanan es estética, nada más que humo para ciudadanos desinformados o miedicas.
Son, además, un claro ejemplo de ineficacia y ineptitud en materia de seguridad. Se supone que hay cámaras ocultas - esto es, discretamente disfrazadas en bulbos oscurecidos. Se supone que los componentes demasiado voluminosos no se sacan correteando. Y que los valiosos y pequeños están ubicados en robustas cajas de plástico duro. Que hay medidas de seguridad pasiva, como pegatinas de radiofrecuencia que pitan al pasar por los controles. Que cámaras y móviles expuestos van atados a un cordel-alarma, por si alguien decidiera tirar de ellos con inusitada vehemencia.
Pero todo eso es inútil. Lo que en otros sitios sirve para mantener cierto savoir-faire, en Mediamarkoff es un simple añadido a una seguridad hiper-vigilante, neurótica y deficiente.
Al pasar por caja te recuerdan que eres un criminal. No basta con haber comprado, por ejemplo, DVDs que te acusan de ser un pirata. Si le das efectivo a la cajera, ésta pasará mecánicamente los billetes por un escáner ultravioleta, para descubrir si eres o no un falsario consumado. Si prefieres pagar con tarjeta, comprobarán el documento de identidad como oficiales de la Gestapo. Una llegó incluso a observar que mi NIE había caducado, pero estaba preparado para afrontar esa eventualidad: le di el certificado provisional y se rindió. Todo lo que no sea un castizo DNI les desconcierta.
Algunos me han dicho que en Castellón es donde más se lleva este tipo de "seguridad". No sé si deriva de cierto medievalismo atávico de las gentes de esta provincia, que les lleva a desconfiar de todos y abrir bolsas al más puro estilo Sheriff de Nottingham; o si por otro lado aquí abundan más que en otros sitios los robos pícaros. No creo que sea ni lo uno ni lo otro, sino una mezcla de ambos con muchos otros factores que, sinceramente, no vale la pena enunciar.
A ver si mañana vuelvo al Mediamarkoff, a por emociones fuertes.
* He distorsionado el nombre aposta, adivinen por qué.
# - Escrito por Fabrizio el 2006-08-21 a las 02:59
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