Todos nosotros sabemos que el mundo es cruel, que esta perra vida nos tiene reservadas vivencias que escaparan a nuestro control y nos harán tragar bilis. Pero no hablaremos de esos momentos hoy. Hablaremos del momento en el que nos dimos cuenta que, efectivamente, la vida es una ramera sin escrúpulos. A algunos les sobreviene esta revelación cuando sienten un dolor agudo en el bajovientre después de atracarse a chocolate, otros al sentir una fiebre altísima después de correr alegres bajo eso que los adultos llaman lluvia y que para ti es algo mágico, agua en el cielo…increíble. En mi caso, es la certeza que no podías separar las plastelinas de dos colores una vez unidas.
Sacado del delirante monólogo de Xerx; no os lo perdáis. Ya lo estáis leyendo.
Yo vuelvo en cinco minutos.

