Mark Twain, en Letters from the Earth escribía una excepcional sátira sobre el paraíso cristiano... no tiene desperdicio. Para no alargar demasiado el blog, pondré fragmentos que me han parecido particularmente graciosos. Nótese en todo momento la ironía y el sarcasmo de Twain. Mentes cuadriculadas, absténganse :D

Nota: el texto original completo está disponible aquí


El cielo de los cristianos (1909) - Mark Twain


[...] "Tomemos un ejemplo: [Dios] ha imaginado un cielo y ha excluido totalmente de él la suprema delicia, el éxtasis supremo que destaca en primero y principal lugar en el corazón de cada uno de los invitados de esta raza - y también del nuestro -, el acto sexual." [...]

[...] "[Hablando del hombre] Su cielo es como él mismo: extraño, interesante, sorprendente, grotesco. Os doy mi palabra, no tiene ni un solo rasgo que él realmente valore. Consta - entera y totalmente - de diversiones que le importan muy poco aquí en la tierra y, sin embargo, está seguro de que le gustarán en el cielo. ¿No es esto curioso? ¿No es interesante? No debéis pensar que estoy exagerando, porque no lo estoy. Os daré más detalles. La mayor parte de los hombres no cantan, la mayor parte de ellos no saben cantar, la mayoría de los hombres no permanecerán donde otros estén cantando si esto continúa durante más de dos horas. Notad bien esto.
Sólo el 2% de los hombres saben tocar un instrumento musical, y ni siquiera cuatro de cada 100 desean aprender a tocarlo. Ved esto más adelante.
Muchos hombres rezan, aunque no a muchos les gusta. Unos pocos rezan mucho, los demás van por atajos en sus rezos.
A la iglesia van más hombres de los que quieren ir.
Para 49 hombres de cada 50 el Día del Sábado es un terrible aburrimiento.
De todos los hombres que van a la iglesia en Domingo, dos tercios están aburridos a mitad del servicio litúrgico y el resto de ellos antes de que se haya terminado.
El momento más grato para todos ellos es cuando el ministro levanta sus manos para la bendición. Puede oírse el suave suspiro de alivio que recorre todo el auditorio y se reconoce con gratitud su elocuencia.
Todas las naciones desprecian a todas las demás naciones.
Ninguna nación tiene simpatía por ninguna otra.
Todas las naciones blancas desprecian a todos los pueblos de color, cualquiera que sea el tinte de su piel, y les oprimen en cuanto pueden.
Los hombres blancos no se asocian con los "negros" ni hay matrimonios entre ambos.
No les permiten que asistan a sus escuelas ni iglesias.
Todo el mundo odia al judío y no lo soporta a menos que sea rico.
Os pido que toméis buena cuenta de todos estos detalles.
Además. Todos los hombres que están en su sano juicio, detestan el ruido.
Toda la gente, en sus cabales o no, prefiere tener variedad en la vida. La monotonía cansa rápidamente a hombres y mujeres." [...]

[...]"I. En primer lugar traigo a vuestra atención el extraordinario hecho con que empecé. Es decir, que el ser humano, como los inmortales, coloca naturalmente el acto sexual muy por encima de los demás gozos.. Y, sin embargo, lo ha eliminado de su cielo. [...] La oración ocupa su lugar [...]

"II. ¡En el cielo del hombre, todo el mundo canta! Quien no cantó en la tierra canta allí. Quien no sabía cantar en la tierra, sabe cantar allí. Este canto universal no es casual ni ocasional, ni suavizado con intervalos de quietud. Sigue y sigue durante todo el día, durante todos los días, durante doce horas cada día. Y todo el mundo se queda allí, mientras que en la tierra el lugar se vería desierto en dos horas. Y se cantan himnos exclusivamente. Mejor dicho, se canta un solo himno. Las palabras son siempre las mismas, aproximadamente una docena en número, sin rima, sin poesía: 'Hosanna, hosanna, hosanna, Señor Dios de los Ejércitos, ¡rah! ¡rah! ¡rah! ¡siss! - ¡boom!... ¡a-a-ah!'

3. Mientras tanto, cada uno está tocando un harpa - ¡todos aquellos millones y millones! -, cuando aquí en la tierra no más de 20 por 1000 sabían tocar ese instrumento ni jamás quisieron aprenderlo.
Considerad el huracán ensordecedor de sonido - millones y millones de voces gritando a la vez y millones y millones de harpas rechinando sus dientes al mismo tiempo. Y os pregunto, ¿es asqueroso, es odioso, es horrible?
Considerad además: se trata de un servicio de alabanza; un servicio de felicitación, de lisonja, de adulación, ¿queréis preguntar quien es la persona dispuesta a soportar tan extraña felicitación, tan desatinados cumplimientos, y quién no sólo los soporta, sino que le agradan, goza de ellos, los requiere, los ordena? ¡Sostened la respiración!
¡Es Dios! Quiero decir el Dios de esta raza. Se sienta en un trono asistido por los veinticuatro ancianos y algunos otros dignatarios de su corte y mira en la lejanía a sus miles y miles de tempestuosos adoradores, y sonríe, y se regodea, y asiente con satisfacción hacia el Norte, hacia el Este y hacia el Sur. Es un espectáculo tan raro y tan inocente como el más extraño e inocuo espectáculo jamás imaginado en nuestro universo, supogo yo.
Resulta fácil caer en la cuenta de que el inventor del cielo no concibió la idea originalmente, sino que la cogió de las ceremonias de exhibición de algún pequeño y miserable Estado soberano de algún rincón innominado de las colonias de Oriente.
Toda la gente blanca en sus cabales odia el ruido y, sin embargo, han aceptado tranquilamente este tipo de cielo..." [...]

[...]
"4. El inventor del cielo de los cristianos vacía en él a todas las naciones de la tierra en un revoltijo común. Todas están en igualdad absoluta, ninguna de ellas supera a otra; tienen que ser 'hermanas'; tienen que mezclarse, que rezar juntas, que tocar juntas el harpa, que cantar juntas 'hosanna' - pueblos blancos, negros, judíos, todo el mundo -, no hay distinción. Aquí en la tierra todas las naciones se odian mutuamente, y todas odian a la raza judía. Sin embargo, todas las personas piadosas adoran ese cielo y quieren entrar en él. De verdad lo quieren. Y cuando la persona pía se halla en un rito sagrado le parece que con sólo estar allí podría aceptar en su corazón a toda la chusma, y abrazarla, y acariciarla, y volver a abrazar y acariciar.
Es una maravilla..., el hombre es una maravilla. Quisiera saber yo quién lo ha inventado." [...]

[...]
"¿No resulta extraño, curioso, sorprendente? Es exactamente lo que acabo de deciros, por increíble que pueda parecer. Este sincero adorador de la inteligencia y recompensador pródigo de sus imponentes servicios aquí en la tierra ha inventado una religión y un cielo que no rinden tributo ninguno a la inteligencia, ni le ofrecen distinciones, ni le regalan de ningún modo; de hecho, ni siquiera la mencionan.

Habréis notado hasta aquí que el cielo del ser humano ha sido pensado e inventado sobre un plan bien definido. Y este plan es que el cielo ha de contener, en detalle elaborado, todas y cada una de las cosas imaginables que resulten repulsivas a un hombre y ni siquiera una sola de las cosas que le gustan.

Cuanto más avancemos, más evidente resultará este hecho curioso.

Notadlo bien: en el cielo del hombre no hay ejercicio ninguno para la inteligencia, nada que resulte para ella una razón de existir. Allí se pudrirá en un año... Se pudrirá y apestará. Se pudrirá y apestará..., y en ese estadio se convertirá en santa. En cosa bendita: porque sólo lo santo puede soportar las alegrías de ese manicomio..."

# - Escrito por Fabrizio el 2003-01-06 a las 20:05


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Comentarios

1
De: Vendell Fecha: 2003-01-07 11:06

Menudo antro de paraíso. Menos mal que nos queda el Valhalla.



2
De: Brunhilda Fecha: 2003-05-28 19:34

Ni siquiera el Walhalla:

"¡A fe mía no me hables más
de las gazmoñas delicias del Walhalla! [...]
Si debo, pues, caer,
no iré al Walhalla:
¡reténgame consigo Hella!"
"La Walkyria" R. Wagner.



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