No quiero llegar jamás.

Porque llegar significa pararse en seco después de un largo recorrido. Darse la vuelta, mirar el camino, y nuestras huellas. Y ver que las huellas han perdido todo sentido.

Llegar significa no tener ya ninguna meta delante de nuestros ojos. No quiero olvidar las emociones del viaje. No quiero olvidar el sudor vertido durante todos esos kilómetros, ni la alegría que me asaltaba cuando ocasionalmente llegaba a una ciudad. Incluso la melancolía al partir otra vez, merece seguir viva.

Llegar es asentarse, vencer el pasado y rendirse ante el futuro, envejecer en el alma, cerrar los ojos, descansar para siempre, convertirse en un objeto oxidado e inútil. Creer finalmente que se ama a alguien, cuando en realidad nunca más volverá a ocurrir. Descubrir que el deseo de algo era mejor que ese algo desconocido que finalmente teníamos en nuestras manos. Percatarse de que lo importante no era llegar a B desde A, sino trazar esa línea que unía los puntos. Y hacerlo lentamente, hacerlo bien.

Porque el camino era mejor. El camino era la vida.

# - Escrito por Fabrizio el 2003-04-18 a las 23:40


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Comentarios

1
De: El GNUdista Fecha: 2003-04-19 05:11

A mi me encanta llegar, luego te pones otra meta y luego otra...

Si nunca llegas, el camino termina siendo decepcionante.



2
De: Algernon Fecha: 2003-04-19 05:43

Estoy de acuerdo GNUdista, una sucesión de metas es lo que más motiva. Pero plantear una meta final... eso es absurdo.



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