Este fin de semana he tenido una sobredosis de trenes y vías férreas: he ahí la razón de que haya usado ese verso tan conocido de Dámaso Alonso. Visité a unos amigos en Calella, un pequeño pueblo turístico de la costa catalana, y para llegar y volver he tomado trenes. Varios:

- Ida hasta Barcelona con el Euromed - clase turista
- 4 desplazamientos Calella-Barcelona - cercanías
- Vuelta desde Barcelona con el Arco - primera clase*

Podemos empezar, supongo, con las estaciones. Las estaciones de pueblo son evidentemente todas muy pequeñas, con un andén, un par de vías, un bar de tapas si hay suerte, un helecho de plástico, ceniceros y relojes sacados de "1984" y baños con mucha vida (bacteriana). El personal tiene la misma motivación que la de funcionarios trabajando para el Zar de Rusia el día de la revolución bolchevique. Aún así las estaciones pequeñas son entrañables: me recuerdan las estaciones de Lego. Se puede respirar bien en ellas. Incluso los mendigos parecen dormir mejor en las pequeñas estaciones.

Las grandes estaciones, por otro lado, son un purgatorio con cierta tendencia a convertirse en un infierno. Hay algo así como quinientas vías diferentes, distribuidas de forma irracional a lo largo de un área dos veces mayor que el de la ciudad. Los altavoces escupen información inútil cada diez segundos. Los tableros son dificilmente comprensibles, las colas son enormes, las tiendas están para molestar y crear entropía (pues nadie en su sano juicio pierde un tren para comprar souvenires horribles). Las escaleras móbiles, como las de El Corte Inglés, resultan divertidas en un principio: un dato que pronto descubren los niños, esos niños que os hacen perder algunos segundos de vuestra vida subiendo por una escalera que baja. Espero que la inteligencia no se herede.

Tras subir en un tren de largo recorrido, se ofrece al pasajero un par de auriculares de calidad ínfima, que sirven, se supone, para escuchar tres canales de hilo musical, o las películas horribles que se transmiten por el circuito interno de televisión (vg: un reproductor VHS robado a un autobus). En el Euromed la cosa tiene más calidad, y la azafata trae un bol de plástico con caramelos, que presenta a los pasajeros con una simpática sonrisa (los caramelos también son de ínfima calidad, probablemente los robaron a algún banco).

Viajar más de una hora seguida en un tren de cercanías pone a dura prueba la espalda de un ser humano: por ello los asientos de los trenes de largo recorrido son más cómodos, con la opción de cambiar el ángulo del respaldo para, alternativamente, aplastar el pasajero colocado a vuestras espaldas, o dejar inconsciente al que tenéis delante mediante un golpe de pies en el reposapies (que, sabiamente, está conectado al asiento mismo). Algunos conductores de tren se emocionan, y por el micro desean un buen viaje a los pasajeros, como si estuviera pilotando un Concorde. Ilusos: todos sabemos que es más fácil salir de un avión que de un tren.

El tren en sí tiene una velocidad aceptable, aunque casi todos emiten chirridos a los cuales uno no se acostumbra nunca (como ñññiii-iiik o skriaaatt-at-at). Si alguien lo desea, puede levantarse y alcanzar los lavabos, o ir al coche-restaurante. Los lavabos son lo más bonito de un tren: parecen haber sido diseñados por la NASA. La NASA de los sesenta. El inodoro lo succiona todo mediante aspiración (es un espectáculo que merece por si solo el precio del billete). El agua que sale del grifo no es potable. Y no suelen haber ventanillas. Como en el espacio, oiga.

Por otro lado, decíamos, tenemos el coche-restaurante. El coche-restaurante de un tren como el Arco, por ejemplo, se puede describir como una especie de sala de disección, donde algunos botellines de zumo de piña se muestran con orgullo encima de una barra de acero inoxidable. Los precios son elevados, y es dificil pagar la cuenta mientras el género empieza a bailar una rumba encima de la barra. Desde luego que sí, hay tipos que se divierten mucho persiguiendo a su desayuno por el tren, como si el donut fuera un asesino huyendo en el Orient Express; pero yo no soy de esos.

Después de haber mantenido milagrosamente el equilibrio a través de los vagones, el pasajero alcanza finalmente su asiento, y consume el breakfast encima de una mesilla que aguanta 300 gramos como mucho. Seguidamente, si le molesta la luz, tira una cortina para impedir el paso de la misma: está hecha con tejido de escasa calidad, y es generalmente tan larga que sirve también como velo nupcial, o manta. En el Euromed existe un sistema mucho más moderno, una especie de guillotina de aluminio que se baja con los dedos, uno de los muchos inventos que terminarán con la vida de la especie humana algún día. Si hiciera falta luz para leer, el pasajero puede encender el pequeño foco que se encuentra encima de su cabeza. Con suerte, se encenderá, pero el foco puede cambiarse de posición sólo durante los dos primeros minutos: después alcanza la temperatura de fusión del plomo.

Finalmente el tren llega a su destino, y si el pasajero se ha dado cuenta de que debe bajar en ese mismo minuto, todo concluirá felizmente. De otro modo, puede que se despierte a diversos parsec de distancia de su objetivo.

El próximo episodio lo dedicaré a la humanidad que se desplaza en el tren, y a su peculiar conducta...


* Por cinco euros más te dan un asiento igual que el de la clase turista. Es una primera clase homeopática, es decir, inexistente.

# - Escrito por Fabrizio el 2003-06-02 a las 06:37


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Comentarios

1
De: Moe Fecha: 2003-06-02 06:58

eres el puto amo Algernon... lo de los lavabos tipo NASA, retrete-aspiradora y persecución del desayuno de lo mejor. Me han venido bien la carcajadas. Te has superado una vez más, profe.



2
De: Brunhilda Fecha: 2003-06-02 06:59

*Brunhilda recuerda con cierta nostalgia aquellos tiempos en los que solía emplear el ferrocarril como medio de transporte habitual...*

¿Nostalgia?¡Aquello era un latazo!



3
De: Epaminondas Pantulis Fecha: 2003-06-02 07:07

Vaya, algún día hablaré yo del sistema de venta de billetes Tiketnet de Renfe y su peculiar sentido del humor...



4
De: eva-lamaga Fecha: 2003-06-02 07:40

Y yo del coche-cama, cuya sola mención tan romántica parece.
Eso es otro mundo!
Bienvenido a casa, Fabrizio, espero que el finde te hay servido para elevar ese espíritu caidillo que tenías últimamente.



5
De: Algernon Fecha: 2003-06-02 21:22

Moe, eres el exagerado de siempre... si quieres leer cosas de calidad, visita el blog de GonzoTBA, "El Sentido de la Vida" ;)

Brunhilda, yo lo tomo casi todos los dias también :P

Epaminondas, por favor, hablános de él :D

Eva, ¿coche-cama? Mmm... eres una romántica, sip :P



6
De: Tive Fecha: 2005-07-28 12:15

Me lo creo. En un tren puede suceder todo tipo de horrores.

Para más información, mi blog:

http://sinmusicaeneltren.blogspot.com



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